domingo, 21 de mayo de 2017

“Mao. La historia desconocida” ( I V )


Así se intitula el libro de Jung Chang y Jon Halliday, Editorial Taurus, 2.006, 1029 páginas, incluido Álbum de fotos. 


Continuamos con este magnífico libro que deberían leer todos los de la internacional de la mentira, del odio, del rencor, del terror, de la bota, del bozal y del grillete.

Dentro de la “Tercera parte”, en el capítulo intitulado “Conseguir una base de poder por medio del terror (1941-1945; 47-51 años)”, y continuando en la página 302 como habíamos hecho en el capítulo anterior, se lee:

“Y lo mismo sucedía con la ropa. El algodón local era áspero e incómodo, así que para los cuadros dirigentes se importaba algodón más suave. Por fuera, Mao vestía como el resto, pero su ropa interior estaba hecha de finas telas – como dijo a los autores un criado que hacía la colada y cosía para Mao-. Su doncella, sin embargo, no tenía derecho a ropa interior ni calcetines, así que estaba resfriada la mayor parte del tiempo. Los artículos como el tabaco, las velas y el papel de escribir también se distribuían de manera jerárquica.

A los niños de los máximos dirigentes los enviaban a la Unión Soviética o tenían niñeras. Las esposas de esos dirigentes daban a luz en hospitales y luego tenían una enfermera en exclusiva durante algún tiempo. Los funcionarios de un nivel inmediatamente inferior podían enviar a sus niños a las guarderías de élite. El número relativamente pequeño de comunistas corrientes que se casaban no tenían hijos o, si los tenían, habían de hacer frente a una verdadera lucha.

Las condiciones espartanas y la pobre alimentación causaban muchas enfermedades, pero sólo los altos funcionarios tenían acceso a los pocos medicamentos que había en la base y que eran importados especialmente de las zonas nacionalistas. Mao tenía un médico personal norteamericano, George Hatem, y médicos soviéticos. Cuando necesitaba algo a alguien – como por ejemplo, un fisioterapeuta – lo pedía a Moscú, o a Chongquing, a través de Zhou Enlai. Los cuadros dirigentes recibían un tratamiento en los hospitales y nadie podía entrar en un hospital sin autorización de su unidad de trabajo. La comida se distribuía según jerarquías también en los hospitales”.


Continuará.



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