domingo, 30 de abril de 2017

La memoria histórica. ( X I V )


Como decíamos en las anteriores entregas, vamos a dedicar varias exponiendo comentarios, hechos, citas y frases de libros y de periódicos, que omiten los “historieteros bienpagaos” de lo políticamente correcto, sobre la República y Guerra Civil de España.


Como ya sabrán, durante el nefasto período de la I I República española, hubo 26 gobiernos ¡Casi “na”! En todos ellos hubo odio, violencia y terror instigados y promovidos por la izquierda. Ahí están los incendios y destrucciones de iglesias, prohibiciones de todo tipo, persecuciones de toda índole, destacando las políticas, cierre y clausura de periódicos y revistas, dos golpes de Estado, siendo el más cruento y sanguinario el de 1934 con miles y miles de víctimas, así como el cruel asesinato de José Calvo Sotelo por elementos de la guardia personal de Indalecio Prieto, que terminaría huyendo al igual que otros muchos.

Manuel Azaña, en su libro “La velada de Benicarló” (libro que estamos comentando en este blog), decía:

 “… había gobiernitos de cabecillas independientes en Puigcerdá, La Seo, Lérida, Fraga, Hospitalet, Port de la Selva, etc. Debajo de eso, la gente común, el vecindario pacífico, suspirando por un general que mande, y que se lleve la autonomía, el orden público, la FAI en el mismo escobazo”.

En las páginas 126, 127 y siguientes, nos cuenta Azaña:

 “… Cuando empezó la guerra, cada ciudad, cada provincia quiso hacer su guerra particular. Barcelona quiso conquistar las Baleares y Aragón, para formar con la gloria de la conquista, como si operase sobre territorio extranjero, la gran Cataluña. Vasconia quería conquistar Navarra; Oviedo, León; Málaga y Almería quisieron conquistar Granada; Valencia, Teruel; Cartagena, Córdoba. Y así otros. Los diputados iban al Ministerio de la Guerra a pedir un avión para su distrito, “que estaba muy abandonado”, como antes pedían una estafeta o una escuela. ¡Y a veces se lo daban!  En el fondo, provincianismo fatuo, ignorancia, frivolidad de la mente española, sin excluir en ciertos casos doblez, codicia, deslealtad, cobarde altanería delante del Estado inerme, inconsciencia, traición.  La Generalidad se ha alzado con todo. El improvisado gobierno vasco hace política internacional.  En Valencia, comistrajos y enjunques de todos conocidos, partearon un gobiernito. En Aragón surge otro, y en Santander, con ministro de Asuntos Exteriores y todo. ¡Pues si es en el ejercito! Nadie quería rehacerlo, excepto unas cuantas personas, que no fueron oídas. Cada partido, cada provincia, cada sindical, ha querido tener su ejército. En las columnas de combatientes, los batallones de un grupo no congeniaban con los de otro, se hacían daño, se arrebataban víveres, las municiones….. “

“En Valencia, todos los pueblos armados montaban grandes guardias, entorpecían el tránsito, consumían paellas, pero los hombres con fusil no iban al frente cuando estaba a quinientos kilómetros. Se reservaban para defender su tierra. Los catalanes en Aragón han hecho estragos. Peticiones de Aragón han llegado al gobierno para que se lleve de allí las columnas catalanas. He oído decir a uno de los improvisados representantes aragoneses que no estaba dispuesto a consentir que Aragón fuese “presa de guerra”…. En los talleres, incluso en los de guerra, predominaba el espíritu sindical. Prieto ha hecho público que mientras en Madrid no había aviones de caza, los obreros del taller de reparación de Los Alcázares se negaban a prolongar la jornada y trabajar los domingos….Después del cañoneo sobre Elizalde, en Barcelona, no quieren trabajar de noche. Valencia estuvo a punto de recibir a tiros al gobierno cuando se fue de Madrid. Les molestaba su presencia porque temían que atrajese los bombardeos. Hasta entonces no habían sentido la guerra. Reciben mal a los refugiados porque consumen víveres. No piensan que están en pie gracias a Madrid.” 

Clara Campoamor, nada sospechosa de fascista, obviamente, en su libro “La revolución española vista por una republicana”, Editorial Espuela de Plata, Colección España en Armas, Sevilla 2009, 262 páginas, libro escrito entre los meses de octubre y noviembre de 1936, nos dice:

"Desde los primeros días de lucha, un indecible terror reinaba en Madrid, donde pasear a todo sospechoso o todo enemigo personal se convirtió en el apasionado deporte de los milicianos de retaguardia". . . "el Gobierno hallaba todos los días sesenta, ochenta o cien muertos tumbados en los alrededores de la ciudad".

Y sigue contándonos la situación por la que atravesaba Madrid en aquellos años republicanos, situación que, como siempre, nada dicen los “historieteros”. Nos dice que los obreros hacían sus comidas bien en hoteles, o en restaurantes, sin pagar, claro. Por otra parte, las mujeres hacían sus compras también sin pagarlas, ya que iban acompañadas de un “tiarrón con un elocuente revólver”.

También nos habla de las bombas de dinamita que diariamente estallaban en aquel Madrid de entonces.

Nota.- Como nota curiosa decir que Clara Campoamor era una demócrata liberal, como se puede comprobar en sus escritos. Lo que sucedió fue que se la ninguneó, cosa que aprovechó la izquierda, a base de mentiras, embelecos y distorsiones, para colocarla como adalid de su ideología. Ella misma manifestó que nunca había sido socialista. Pero esto, como siempre, se silencia y se omite.


Continuará.



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