domingo, 6 de noviembre de 2016

“Hijos de la Logse”


Así se intitula el libro de Francisco Robles, Editorial Toro Mítico, S.L., 2.008, 221 páginas.

El libro no tiene desperdicio. Con un sentido irónico, agudo y jocoso, el autor comenta el desastre espantoso de la enseñanza en España con motivo de la implantación de la LOGSE “felipista”, que ha traído una ignorancia crasa y supina a nuestros jóvenes, amén de un fracaso escolar estrepitoso.

El dinero que se ha invertido  en este sistema educativo, ha sido de escándalo. Así, hay institutos y escuelas con ordenadores a mansalva, pizarras digitales, tablets, PDAs, etc, etc, todo ello fomentado y dirigido por unos “psicólogos” y “profesores” apesebrados e ignorantes, que han llevado a decir a un alumno cuando le preguntaron por Darwin, que éste había inventado el “Homo Sapiens”. Otro, más aventajado, cuando le preguntaron si sabía el nombre de tres filósofos medievales, respondió que fueron Averroes, Avidena y Avecrem.

El libro consta de XXXVI capítulos, incluido el último que se intitula “Agradecimientos”.

De estos capítulos los más interesantes, a nuestro juicio, son los intitulados “La disciplina es fascista”, página 80; “La competitividad fomenta la insolidaridad”, página 85, y “La autoridad compartida”, página 111.

En el citado capítulo "La disciplina es fascista", se lee:

“Una de las grandes aportaciones de la Logse a la humanidad es el sesgo fascistoide que le ha aplicado al concepto disciplina. Vaya por delante que los ideólogos de la Logse, vulgo ideologsianos, son los primeros en someterse a la disciplina partidista así abandonan la tiza y se refugian en las covachuelas del poder de los despachos, alias burocracia. Una de las grandes dudas metafísicas que aquejan al autor de este libro es la doble vara de medir se emplean los logsianos a la hora de valorar la disciplina. Por un lado fomentan la desinhibición que desemboca en el niñateo, como ya se ha expuesto; por el otro, se amoldan a los dictados del partido o de la secta, que sería más preciso, y comulgan con el argumentario con una disciplina que más quisieran los mandos del ejército al que ya no sirven de forma obligatoria las nuevas generaciones. La mili, como también se insinuó antes, desapareció en su formato obligatorio gracias a la progre sigue. Autores de reconocido desprestigio sostienen que fue la derecha la que terminó con tan rancia y caduca obligación: las mentiras históricas terminan por convertirse en penosas realidades sin base alguna.

La disciplina que combaten los logsianos es la palanca de cambio que nos permite dejar de ser simples animales instalados en el instinto para convertirnos en seres humanos dotados del mayor bien que atesora la inteligencia: la posibilidad de trascendernos a nosotros mismos, de ir más allá de las circunstancias que nos determinan, debe llevarnos sobre el origen social y familiar. En resumen: la disciplina es un arma cargada de futuro que se proyecta hacia el porvenir con el proyectil del proyecto. El hombre es el único animal que va más allá del presente. El hombre está capacitado para diseñar proyectos que lo lleven más allá de sus limitaciones. Y para eso debe echar mano de la disciplina.

Claro está que la disciplina no se adquiere así como así. La disciplina es un complejo sistema de deberes y obligaciones que se van asimilando desde la más tierna infancia. Gracias a la disciplina que imponen los padres a sus hijos nos encontramos con criaturitas que comen algo más que espaguetis o gusanitos. Si el infante se alimentará exclusivamente de aquello que le apetece comer, entonces no podría desear desarrollarse de forma adecuada. Tampoco se lavaría ni dormiría el tiempo adecuado y en el horario fijado para que su actividad sea provechosa. Desde que nacemos nos sometemos a la disciplina del alimento y del sueño, que son la otra cara que le da sentido a la moneda del cariño con que nos tratan nuestros padres. Si falla una cara, la moneda se convierte en una entelequia imposible de ser imaginada. ¿O es que alguien es capaz de situar en su cerebro una moneda de una sola cara?.

Una vez adquirido el hábito de la disciplina en el hogar, el niño está en condiciones de ir a la escuela para ponerlo en práctica. El logsiano negará este proceso lógico y querrá darle la vuelta. Para logsiano, el centro escolar es el lugar donde se adquieren los valores. Hagamos la prueba del nueve: un profesor de instituto que está dos horas a la semana con un alumno que forma parte de un grupo de 30 personas debe hacer lo que no hacen sus padres, que son dos y están con el chaval durante el resto del día, durante los fines de semana y durante los largos y cálidos meses de las vacaciones estivales, amén de los periodos navideño, semanasantero y festivos en general. ¿Quién puede sostener semejante barbaridad?”


Lo peor del asunto es que estos "logsianos" son los votantes actuales de Podemos.



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