domingo, 2 de octubre de 2016

Oviedo, el “bipartito” y La Pasionaria ( I I I )


Como decíamos en nuestros artículos anteriores, esta mujer fue elevada a la categoría de mito por sus hagiógrafos y por la propaganda comunista. La calificaban de intelectual, de valiente, de espíritu crítico, etc. La verdad es muy distinta. 

De intelectual y de espíritu crítico no tenía absolutamente nada, porque su fanatismo y obediencia se lo impedían. Como es sabido, La Pasionaria comenzó a frecuentar la Casa del Pueblo de Bilbao porque su marido, Julián Ruíz, la había metido en el PSOE. Posteriormente, al comienzo de los años veinte, se iría con él al PCE sin ninguna convicción. Por la citada Casa del Pueblo habían pasado, entre otros, Miguel de Unamuno. Éste, que había ingresado en la Agrupación Socialista de Bilbao, era militante del PSOE. En una carta a su amigo Mújica, escrita en mayo de 1895, decía con verdadero espíritu crítico las siguientes palabras, producto de su intelectualidad:

“Soy socialista convencido pero los que aquí figuran como tales son intratables: fanáticos necios de Marx, ignorantes, ordenancistas, intolerables, llenos de prejuicios, ciegos a las virtudes y servicios de la clase media, desconocedores del proceso evolutivo. En fin, empiezan a llamarme místico, idealista y qué se yo cuántas cosas más. Me incomodé cuando les oí la enorme barbaridad de que para ser socialista hay que abrazar el materialismo. Tienen el alma seca, muy seca; es el suyo el socialismo de exclusión, de envidia y de guerra, y no de inclusión, de amor y de paz. ¡Pobre ideal!. ¡En qué manos anda el pandero!”. ( I )

Ni qué decir tiene que don Miguel se marchó asqueado, al igual que le pasó a Ortega y Gasset cuando se asomó a la Casa del Pueblo de Madrid.

En la Revolución de Octubre de 1.934, es cuando verdaderamente se la eleva a la categoría de mito por los “historiadores” de ahora, que han fabricado leyendas de todo tipo como activista no sólo en este año, sino durante los primeros años de la República. Todo mentira. Como es sobradamente conocido, la citada Revolución fue preparada y realizada por los socialistas, de los que La Pasionaria llevaba separada más de diez años. Los comunistas de aquel año no hicieron prácticamente nada en aquel Octubre de 1.934. En este año, ella ya estaba en Madrid, y había hecho un viaje al paraíso comunista de su amo José Stalin y, como casi siempre, no se enteró de nada: ni de las purgas, ni de los gulags, ni de las deportaciones en masa, ni de cómo vivía realmente el pueblo soviético. Pero eso sí, vino “convencida” del sistema.

La Revolución del 34, aquí en Asturias, generó un verdadero reguero de sangre: casi 2.000 muertos. Ni el PSOE ni La Pasionaria hicieron prácticamente nada, a no ser la invención de una falsa heroína, Aída Lafuente, que fue elevada a tal categoría sin fundamente alguno. Los únicos comunistas que intentaron hacer algo en Asturias, fueron precisamente los disidentes de Stalin. Sus actos fueron condenados al más absoluto silencio y borrados de la historia.

Mientras tanto, en Madrid, Santiago Carrillo Solares, que a la sazón era dirigente de las Juventudes Socialistas, y que aún no había traicionado al PSOE para cambiar la chaqueta al PCE, se le ocurrió disfrazarse de guardia civil y, con una docena de compañeros (no había ninguna compañera), presentarse en el Congreso para secuestrar a los diputados y al presidente de la República. Lo único que hicieron fue robar los uniformes. No se atrevieron a más. La cobardía de este sujeto aparecerá muchas veces a lo largo de la historia de aquellos años.

El descrédito del PSOE llegó a su culmen cuando el máximo líder socialista de la Revolución asturiana del 34, Ramón González Peña (actualmente varias calles llevan su nombre) asaltó, como un auténtico ladrón, el Banco de España en Oviedo, llevándose un montón de millones de pesetas. Tal descrédito lo aprovechó el PCE para inventar una participación en la Revolución que no había tenido. Entonces, de forma demagógica y cínica, izó las banderas que el PSOE había arriado. En este movimiento táctico de aprovechamiento de las circunstancias, sí que intervino La Pasionaria.

Y es entonces cuando se presenta en Asturias, en donde prácticamente no había comunistas presos. Exigió la amnistía para todos los presos, convirtiendo dicha amnistía como la mayor y más importante reivindicación del Frente Popular. Se presentó como diputada por Asturias, a pesar de no tener raíces política ni familiares aquí, siendo elegida en febrero de 1.936.

( I ).- “Cartas inéditas de Miguel de Unamuno”, prólogo y recopilación de S.F. Larraín, Editorial Rodas S.A, 2ª Edición, 1972, página 207.



Continuará.


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