sábado, 29 de octubre de 2016

«Habitantas», «personos», «humanidod». . .


Como ya saben, existe una gran confusión entre el género gramatical y el sexo de las personas, por mor dese feminismo semántico tan de moda.

El artículo definido o determinado (el, la, los, las) es un elemento determinante del sustantivo, ya que permite discernir el género y el número. Antes se definía como la parte invariable de la oración que acompaña al nombre para indicar su género y su número. En esencia, la definición es la misma.

Pero la realidad nos dice que esto no es cierto porque se ha dado a la letra a prácticamente los mismos atributos que al artículo: así se dice la jueza, la clienta, la médica, la ginecóloga, etc

 Es decir: no se hace caso del artículo, sino de la terminación, intentando demostrar que las palabras terminadas en a son del género femenino. Hay que sustituir la o, de médico, por la a.

Siguiendo este “razonamiento”, como las palabras dentista, malabarista, periodista, artista, equilibrista, etc, terminan en a serán del género femenino. Por tanto habrá que decir dentisto, malabaristo, periodisto, artisto,  para indicar el género masculino sin hacer caso del artículo. Por otra parte, palabras terminadas en a, tales como mapa, sofá,  son del género masculino. ¿Habrá que decir mapo, sofó, ? ¿Habrá palabra más femenina que mujer? ¿Habrá que decir mujera? Lo mismo pasará con la palabra madre, etc

Después están los escritos con el/la/los/las/todos/todas, que en aras también de un progresismo semántico-feminista quieren demostrar la igualdad entre ambos sexos. Lo que sucede es que se confunde el género gramatical con el sexo de las personas. Y para evitar poner el/la/los/las/todos/todas, recurren a la ridícula @.

La palabra habitante, por ejemplo, es una palabra del género masculino que abarca a ambos sexos. Asimismo, la palabra persona, es del género femenino que abarca también a ambos sexos. Lo mismo sucede con humanidad.  Pero, claro, siguiendo la lógica jaimitera habrá que decir la habitanta, el persono y el humanidod. ¡Hasta en la Real Academia de la Lengua ha entrado la política! Nos parece que ha dejado de fijar, limpiar y dar esplendor.




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