sábado, 8 de octubre de 2016

“Dolores Ibarruri, Pasionaria”


Así se intitula el libro, Ediciones B, S.A., 2.004, 376 páginas incluido el índice onomástico. La obra presenta, por un lado, los comentarios que hace Santiago Carrillo sobre Dolores. Por el otro, se presentan los que hace el politólogo, sociólogo, periodista y marxistólogo Angel Maestro.

Como se podrá suponer, el contraste entre las opiniones de ambos es impresionante. Mientras Carrillo la presenta como una mujer valiente, admirable, inteligente, sacrificada, etc, Maestro la presenta como sumisa al poder de Stalin, demagoga, instigadora y sembradora de odios. La verdad es que llama la atención el gran contraste que hay entre ambos al narrar los mismos sucesos. Carrillo no hace más que propaganda rosa del personaje, mientras que Angel Maestro ha hecho una verdadera labor de investigación.

Se pueden poner muchos ejemplos sobre esto que decimos. Uno de estos es que Carrillo niega y no menciona las amenazas de Pasionaria contra Calvo Sotelo. En la página 210 del libro, se comenta que Tarradellas, en una entrevista concedida a Pilar Urbano en 1.985, dice: “Me acuerdo del día que Dolores Ibárruri le dijo a Calvo Sotelo aquello de has hablado por última vez, porque yo me sentaba en un escaño muy cercano al de Calvo Sotelo”.

Otro ejemplo, es el de Francisco Antón. Para Carrillo, este personaje  es un miembro destacado y valioso del comité central, siendo salvado de caer en poder de los alemanes, cuando éstos invadieron Francia,  gracias a la diplomacia soviética. Sin embargo, la verdad es distinta: Antón, muy joven aún, debió su ascenso a que la Pasionaria lo hizo su amante. Si fue liberado de los alemanes, no fue por la diplomacia, sino porque Dolores pidió y suplicó Stalin que hablase con Berlín para su liberación. Conviene recordar aquí que en aquel momento estaba en vigor el pacto nazy-soviético. Esto figura en las páginas 306 y 307.

Otro asunto, es el llevado, traído y manido de la revolución de octubre del 34, con sus 1.500 muertos. Carrillo no los menciona para nada. Sin embargo, en la página 77 habla de la “amenaza de conquista del poder de la CEDA”, omitiendo cínicamente que este partido había ganado las elecciones.

En la página 123, dice Carrillo que Negrín “no tenía afinidades ideológicas con el Partido Comunista”. Otra gran mentira, ya que la apertura parcial de los archivos de la KGB dicen lo contrario.

Por supuesto que no menciona ni cita el pacto entre Hitler y Stalin.

En la página 286, se lee:

“Un dirigente comunista, Martín Grau, escribiría posteriormente: . . . hay mucha trampa soviética dentro del golpe de Casado para que la literatura comunista pueda abordar el tema con planteamientos razonables. Abundan en esta literatura los insultos gratuitos, las acusaciones en abstracto, los clásicos repartos de papeles entre malos y buenos, pero ninguna penetración concreta en el fondo de los hechos.

Otro comunista destacado, Jorge Laínez, expone claramente: Sin un partido comunista dispuesto a huir, habría sido inconcebible el golpe del coronel Casado. Los comunistas habían arrojado del poder a Largo Caballero, habían derrotado a la CNT y la FAI en sus dominios de Caspe y Barcelona, habían expulsado a Prieto del Ministerio de Defensa, tenían un control férreo, incluso abusivo del gobierno y del ejército. Eran dueños absolutos de la situación en los frentes y en la retaguardia. Hechos tan notorios hacen innecesario que los estrategas de Elda hubieran podido no huir. Carece de sentido hablar de fuerza mayor o de sorpresa”.

En la página siguiente se lee:

“El golpe de Casado resultó ser la clase de servicio que los hombres de Stalin necesitaban – a modo de coartada – para cubrir su abandono de la guerra y su huida de España”.

¡Titiriteros, historieteros, “fasciculeros”, catedraticoides, uníos y leed!


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