miércoles, 28 de septiembre de 2016

Para menores de 45 años


Como ya sabrán, Carolina Bescansa, una de las personas fundadoras de “Podemos”, ha manifestado tras la contundente victoria del PP en las elecciones gallegas, que si en este país sólo votase la gente menor de 45 años, Pablo Iglesias ya sería presidente del Gobierno”. Curiosamente, esta individua nació en febrero de 1971. Acaba de cumplir 45 años. Luego ya no podría votar a Podemos.
Por otra parte, no comprendemos muy bien cómo se puede decir esta
 boutade ya que, si el voto es secreto, ¿de dónde sacó esta “sujeta”
 este dato?
 
Para no votar a Podemos no es necesario ser mayor de 45 años. 
Con tener uso de razón es suficiente, aunque, claro, muchas personas
 no tienen ni esto.
 
El uso de razón  hace que se tenga devoción por la lógica, el sentido
 común, la evidencia y la información contrastada. Las personas que
 no tiene tal uso de razón, suelen ser unos auténticos inquisidores 
vaidosos,  que se ensalzan a sí mismos como serios, científicos,
 racionales y que ven las cosas con pensamiento dual y maniqueo, 
lo que conduce inevitablemente a supersticiones (todos los males 
proceden del capitalismo y del mercado) y al cerrilismo.
 
Tales desposeídos del citado uso de razón, suelen tener la mente
 privatizada, estabulada, hipnotizada y apolillada por una doctrina
 política, que les lleva  “estatolatría” poco menos que demencial,
  que hace que no se hayan enterado que la Humanidad ha pasado
 del comunismo al neoliberalismo; del asalto al palacio de 
Invierno, a la caída del muro de Berlín; 
de la diligencia al automóvil eléctrico y al avión; 
de la locomotora de vapor al tren de alta velocidad; 
de la espingarda y el falconete al misil teledirigido; 
del barco también de vapor al de propulsión nuclear; 
del arado al tractor, a la segadora, a la empacadora y a la 
cosechadora; de la fabricación manual a la fabricación en serie; 
de la linotipia al procesador de textos; del libro al CD-Rom; 
de las demoras en las conferencias al teléfono móvil; 
de la lucha de clases al Estado del bienestar; del barro al plástico; 
de la tabla de madera a la lavadora; del estropajo y la arena al 
lavavajillas; de la fresquera al frigorífico; de las cajas de madera 
de sardinas “salonas” al pescado congelado; del analfabetismo al 
lenguaje de programación;  de la galena al chip; de las hierbas 
medicinales a los antibióticos y que para mejorar la productividad 
de un país no hay que estatalizar los medios de producción, 
sino invertir en nuevas tecnologías, ya sean privadas o no.  
Estos sin uso de razón, siguen en sus trece dando al marxismo 
un carácter épico (la lucha internacional contra las fuerzas enemigas
del “inevitable avance de la Humanidad”, es decir “el asalto a los 
cielos”, que diría Marx utilizando la mitología griega). 
De ese carácter brotaría un empuje de agresión en todos los campos, 
además de una gran capacidad para mentir, desfigurar la realidad, 
calumniar, etc , todo ello mezclado con ansias de poder y de rencor 
social, siempre justificado en beneficio del fin grandioso. 

Para dichos sin razón marxistas, resolver el problema del poder económico era sinónimo de enderezar todos los entuertos del poder. La realidad se vengó de su miopía.

Por otra parte, dichos sin razón dicen tener recetas mágicas y salvadoras. Para eso están los “pensadores-químicos”, oiga, que todo lo resuelven con análisis, frases y construcciones muy bonitas y polisémicas llenas de demagogia y logomaquia, cayendo en simplismos y en maniqueísmos, a pesar de lo cual se les considera como “formadores de la opinión pública”, ya sean maestros, periodistas, intelectuales, políticos, etc).

Al mismo tiempo, no quieren buscar la verdad de los hechos y de las cosas. Su fe en el marxismo es tal, que intentan explicar de una forma aparentemente racional, mediante una serie de dogmas económicos, sociales e históricos, toda actividad y todo acontecer humano.

Dichos sin uso de razón, sólo hacen caso a los predicadores de tópicos típicos, de frases hechas, de pensamientos de calendario. Al mismo tiempo, presumen de estar anclados en la ideología marxista, ignorando lo que decía el  propio Marx: “Lo que mueve y dirige a la Historia es siempre y únicamente el interés material; las ideologías tienen siempre y únicamente la modesta función de floraciones y de máscaras”. ( Libro “Máscaras: el comunismo entre bastidores”, autor Juan Carrascal, Editorial Sal Terra 1954, página 6).

Sobre las ideologías se pueden decir muchas cosas. En general, son subproductos mentales que frenan el conocimiento libre ya que, como decía el filósofo polaco Kolakoski:“una tercera característica es la de la existencia de una casta  que posee la exclusiva de exponer el contenido exacto de la ideología". Además las ideologías crean fanáticos, que son seres manipulados, pastoreados y carentes de pensamiento y razonamiento. Solo se mueven y actúan por férrea disciplina y por consignas. Puede que las ideologías escondan una causa, o las causas  una ideología. Detrás de la causa, o de la ideología, suele haber un “Padre”, un “Gran Timonel”, un “Conducator”, un “Líder Máximo”, “un Genio Radiante que ilumina el sendero de la Humanidad, (Antonio Gramsci dixit), es decir, un dictador que encarna a la causa, que manipula y se eleva por encima de los manipulados. Lo único que preocupa a estos  líderes  es mantenerse en el poder contra viento y marea, como lo prueban los casos de Stalin, Mao, Ceauchescu, Gadafi, Saddan Hussein y el gran sátrapa Fidel Castro. Es decir, que si no se pone freno a los gobiernos regidos por una ideología, sus gobernantes acaban implantando una dictadura o se convierten en tiranos, cumpliéndose aquello de que quien fabrica ídolos obtiene yugos.

Y para terminar decir a estos “podemitas” que si estuviésemos en un país marxista de sus amores, en el que no habría discusión libre ni confrontación a través de una pluralidad de medios de información y opinión, estas líneas que estamos escribiendo, y otras que hemos escrito, no saldrían a la luz. Probablemente escribiríamos nuestras memorias en las que contaríamos nuestra suerte de penal en penal, en el supuesto de que no nos hubiesen eliminado. O también podría ocurrir, que si nos escapásemos a un país libre y allí contásemos las citadas memorias, o denunciásemos los errores, terrores y horrores del marxismo, como ocurrió con Húber Matos,  Jorge Masetti,  Ileana de la Guardia,  S. Melgunov, D. Volkogónov,  Zhigniew Bjzezinski,  M. Voslensky, César Leante, Carlos Franqui, Norberto Fuentes,  Yuri Kariakin, Vasili Mitrokhin, Kravchenko, Nina Berberova, Karel Bartosek, Pavel Sudoplatov (este cuenta las atrocidades, pero sin arrepentirse, Boris Souvarine, , Pío Moa, Silvino Lantero Vallina, Carlos Semprún Maura, Francisco Félix Montiel, Enrique María Matorras, Enrique Castro Delgado, André Frossard, François Furet, Jean François Revel, André Gide, Douglas Hyde, Bertrand Russell, Orlando Figes, etc, etc, todos ellos desencantados del marxismo. Algunos pidieron perdón por haber colaborado con el comunismo y, otros, se sienten avergonzados por haber sido “apparatchik”, es decir, asalariados del PCE y “soldado de Stalin en Madrid”, deseando “con particular satisfacción ver hundirse aún más a los comunistas. Otros se autoincluyen en el conjunto de los “ilusos-ilusionados que construyeron el espejismo del comunismo”. Otros, remordiéndoles la conciencia, exclamaron: “Tengo que decir la verdad”.

¡Ah!, decir también que a estos “podemitas” sin uso de razón les gusta polemizar. El que se dedica a este asunto, por lo general, no tiene gran cosa que decir, y prefiere discutir a pensar. Además, las polémicas rara vez contribuyen a aclarar las cosas y, mucho menos, a llegar a un acuerdo. Los que polemizan se suelen encasillar, encasquillar y echar el telón ideológico. También suelen aferrarse a consignas en vez de a ideas, anclándose en sus dogmas y obsesiones, lo que les hace mantener la mente cerrada a otros puntos de vista. 




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