miércoles, 21 de junio de 2017

La mentira como arma y odio a la religión cristiana


Para contar la verdad sobre algo, los historiadores, los observadores, los narradores, etc, tienen que desprenderse de todo prejuicio ideológico, además de comprobar y contrastar otras hipótesis con raciocinios profundos y sistemáticos. Es sospechosa de falsedad toda actitud pasional. Como esta actitud  parece ser que es la que se adopta en política y en historia, el resultado es la mentira, la cual es hábilmente seleccionada para su difusión, circulación y visión favorable, cumpliendo de esta manera su misión desorientadora.

 Se miente a la gente para utilizarla, para moverla a determinados comportamientos que el mentiroso considera útiles o beneficiosos. Lo mismo que existe la presunción de inocencia, debería existir la presunción de culpabilidad para todos los que mienten, calumnian, distorsionan o tergiversan, ya que en estos momentos la mentira es demasiado preocupante, frecuente e inquietante.

Es realmente increíble comprobar como la mentira político-histórica tiene un impacto popular en la gente a través de la agitación constante. El objetivo ya sabemos cuál es: crear un ambiente de odio y rencor en las masas que propicie el enfrentamiento. La mentira estuvo y está presente en la Historia. Basta recordar unos ejemplos: los asesinatos y la quema de iglesias y conventos durante la II República Española fueron  una provocación monárquica pagada por la oligarquía, según manifestó en su día un pedante marxista infumable en un "periodiquín" local que traga todo lo que se echen. 

Evidentemente esta monstruosa mentira no resiste el mínimo análisis.  El monárquico Calvo Sotelo, por ejemplo,  fue asesinado por Luis Cuenca, militante de las Juventudes Socialistas del entonces marxistizado PSOE, lideradas por Santiago Carrillo, que al poco tiempo cambiaría la chaqueta al PCE. En cuanto a la quema de iglesias, el socialista Ramos Oliveira comenta: “El proletariado tornó a quemar iglesias y conventos”.

¿Quién decía el 2 de enero de 1.937  “los niños a Rusia, los fascistas al paredón de la checa; las clases explotadas a las alcobas con perfumes, los curas al sepulcro . . .?”

Todo esto se deriva, lógicamente, de la aversión y el odio que Lenin y Marx tenían por todo lo que oliera a religión. Para muestra, un par de botones:

 “Todo concepto de Dios es una indecible indignidad, un despreciable autovómito”. (Carta de Lenin a Máximo Gorky). 
  
Más de Lenin: “Cuanto más elevado sea el número de representantes del clero y de la burguesía pasados por las armas, mejor para nosotros”.

En la Rusia  de 1.917, tuvo lugar en Moscú el “Juicio del Estado Soviético contra Dios”, bajo la presidencia del encargado de Instrucción Pública A. Lunacharsky.  Dicho tribunal culpó a Dios de todos los cargos que se le imputaban, por lo que se condenó a muerte disparando una salva de fusilería dirigida al cielo.

Karl Marx: “No hay más Mesías que la clase obrera que traerá la redención al mundo, luchando contra los hijos de las tinieblas, los burgueses. La explotación del trabajador es el pecado original. La sociedad del futuro es el reino escatológico, en que pacerán juntos corderos y lobos, y la tierra no dará espinas sino frutos suculentos. La organización proletaria, el Partido son el pueblo de Dios en marcha hacia ese reino mesiánico. La fábrica es  el templo; el  trabajo, la oración”.

Mentira fue lo que en su día se dijo sobre la unificación de las dos Alemanias: la causa de tal unificación había sido por culpa de “los industriales del Oeste ávidos de nuevos mercados, aunque haya que pagarlos con sufrimientos y hundimientos individuales”. Sin embargo, la realidad fue muy distinta: la Alemania occidental volcó miles de millones de marcos en el Este, creándose un impuesto  especial de “solidaridad” a tal fin. 

Mentira fue la explicación que daba Molotov el 1 de Agosto de 1.940, al explicar el pacto germano-soviético: “Las relaciones de buena vecindad y de amistad soviético-alemanas se basan en intereses estatales básicos. La Unión Soviética ha aumentado en el último año en más de 23.000.000 de habitantes”. Se mintió al pueblo diciendo que la anexión de Besarabia, Estonia, Lituania, Letonia, etc. era para “liberar a estos pueblos de sus diferentes yugos”, escribió Dolores Ibarruri.  

Mentira fue la que se contó sobre Yuri Gagarin: no fue el primer hombre enviado al espacio. Tres cosmonautas le precedieron, tres cadáveres silenciados.

Mentira fue lo que se contó sobre los maquis. Pocos dijeron la verdad: que Stalin, ante una delegación del PCE encabezada por Carrillo e Ibarruri, había dado la orden de acabar con los  guerrilleros, orden que acató inmediatamente “el de la chaqueta”.

Mentira fue lo que dijo Fidel Castro el 1º. de Enero de 1.959 en Santiago de Cuba: “Habrá libertad para los que hablan a favor nuestro y para los que hablan en contra y nos critican”. 

Mentira fue . . .

Todas estas mentiras, y muchas más, claro, están justificadas ideológica y éticamente por la intelectualidad de los de  la internacional de la mentira, del odio y del terror. 

Para terminar, veamos lo que dijeron y dicen algunos personajes sobre la mentira:

Cervantes: “La verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite y el agua”. 

El ex marxista Carlos Semprún Maura: “Quienes han convertido la mentira en dogma, quienes prácticamente siempre han hecho lo contrario de lo que han dicho, fueron los comunistas”. 

Jean François Revel, también ex marxista: “Todavía tenemos demasiado arraigadas, pese  la victoria de la democracia, las deformaciones intelectuales del totalitarismo. La democracia no habrá ganado del todo mientras mentir sea pareciendo un comportamiento natural, tanto en el ámbito de la política como en el del pensamiento”.

El mismo autor, refiriéndose a Jean Paul Sartre, decía: “¿Por qué aduló antiguallas utópicas y asesinas de tiempos pasados? ¿Por qué este razonador tan hábil se dejó engañar tan estúpidamente en este siglo de mentiras?”.


Y terminamos con una frase de Tomás Caryle: "No hay nada más espantoso que la elocuencia de un hombre que no dice la verdad." Sobre esto, los escritores marxistas saben bastante.





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