lunes, 1 de junio de 2015

Abucheo y desprecio


Aunque el fútbol, morfina del pueblo soberano, nos importa un bledo, dos cominos y tres dídimos, ayer hemos visto sólo el comienzo de la final de la Copa de España (no entendemos muy bien por qué se llama copa del rey), con el objeto de ver cómo iba a reaccionar el “respetable” cuando se interpretase el Himno Nacional.


Y lo previsto pasó: abucheo monumental y desprecio al Himno, y de rebote a España. Si estas cosas se consideran como “normalidad democrática”, es que estamos gobernados por una pandilla de cobardes y de ineptos.

Como se ha podido ver, prácticamente todo el campo ultrajó el Himno. Aquí no hubo engaños como en otras ocasiones, en las que se emitía en diferido la audición del mismo, o se elevaban las notas para que no se oyeran los pitidos.

Por otra parte, en el Título XXI, Capítulo VI, artículo 543 del Código Penal, se recoge:

“Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses”. 

Al mismo tiempo, el Diccionario de los “inmortales” de la RAE define ultrajar como:

a).- “Ajar o injuriar”

b).- “Despreciar o tratar con desvío a alguien”.

No se preocupen, oiga, que aquí no va a pasar nada ¿Acaso sucedió algo cuando se quemaron, y se queman,  banderas españolas por media España?

¿Y qué hicieron las “personalidades” que estaban en el palco? Pues nada de nada, empezando por Felipe VI “El endilgado”, que tal parecía que la cosa no iba con él. El resto, siguiendo por el seleccionador Vicente del Bosque que, como recordarán, en el año 2010 se le otorgó en Toledo el premio de “Español Ejemplar”, no tuvieron los dídimos suficientes de manifestar y expresar su indignación, o al menos su disconformidad, con lo que estaban viendo y oyendo.

Y todo esto sólo por ver a 22 personas correr detrás de un kilogramo de aire encerrado en un cuero. Si la cosa fuese en otro terreno, o en otro escenario, probablemente el asunto sería mucho más desagradable, por no decir otra cosa.


En fin, así nos luce el pelo.





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