miércoles, 6 de mayo de 2015

Sobre Ortega y Gasset ( V I I I )


Como ya saben, estamos dedicando unas entregas a  D. José Ortega y Gasset, filósofo prácticamente olvidado hoy por los de la internacional de la mentira, del odio y del rencor, que fallecía hace 60 años (1883-1955). Como ya hemos dicho varias veces, y no nos cansaremos de repetirlo, tanto él como D. Gregorio Marañón, D. Ramón Pérez de Ayala, y un larguísimo etc, fueron los verdaderos y auténticos republicanos. Estos tres intelectuales tuvieron que huir de España perseguidos por los comunistas.


Continuamos con el libro “Tríptico. Mirabeau o el político. Kan. Goethe”, autor José Ortega y Gasset, Ediciones Espasa Calpe, S.A., Colección Austral 1964, 196 páginas incluido “Índice de autores de la colección Austral” que, como ya hemos dicho en anteriores entregas,  está dividido en tres partes, como se puede ver  en el título: “Mirabeau o el político”, páginas 11 a 62; “Kant”,  páginas 65 a 122 y “Gohete desde dentro”, páginas 125 a 178. Dentro de la primera parte, página 52 y siguientes, y como continuación de lo visto en la anterior entrega, en la que Ortega se refería al error de considerar al Estado por encima de la Nación,  nos dice lo siguiente:

“En definitiva, quien vive es la nación. El Estado mismo, que tan fecundamente puede actuar sobre ella, se nutre, a la larga de sus jugos. La gran política se reduce a situar el cuerpo nacional para que pueda  fare da sè. Ya veremos, cuando pase algún tiempo, el resultado de esas soluciones que se proponen lo contrario: suspender toda espontaneidad nacional e intentar fare dallo Stato, vivir desde el Estado.

Cabría decir que un Estado es perfecto cuando, concediéndose a sí mismo el mínimum de ventajas imprescindibles contribuye a aumentar la vitalidad de los ciudadanos. Si lo abstraemos de esto último, si nos ponemos a dibujar un Estado perfecto en sí mismo, como puro y abstracto sistema de instrucciones, llegaremos, inevitablemente, a construir una máquina que detendrá toda la actividad nacional. Como suele acontecer, esta reductio ad absurdum nos sirve para descubrir el error que hay en esa dirección del pensamiento político.

En la Historia triunfa la vitalidad de las naciones, no la perfección formal de los Estados. Y lo que debe ambicionarse para España en una hora como ésta es el hallazgo de instituciones que consigan forzar el máximum de rendimiento vital (vital, no sólo civil) a cada ciudadano español.

Pero se comprende la dificultad enorme que la política, en este excelente sentido, encierra. Supone ideas claras y precisas sobre la actuación histórica de los españoles, sobre las virtudes que tienen, sobre las que les faltan, sobre las que les sobran, sobre la estructura social efectiva de nuestro país. Temas tan delicados encuentran ante sí la avalancha de los tópicos de café, y angustia advertir el número escasísimo de personas que han pensado en serio y directamente sobre ellas”.

En fin, como siempre, el Ortega genial y acertado.

Como dato curioso comentar que, al día siguiente de su fallecimiento (Madrid, 18 de octubre de 1955), en la página 38 del diario ABC aparecían unas palabras de su amigo Gregorio Marañon:

“Hoy Ortega, dígase lo que se quiera, era la primera personalidad intelectual del mundo”


Continuará.



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