martes, 14 de abril de 2015

Sobre separatismos ( I I I )


Como decíamos en la anterior entrega, en ésta y en las próximas, comentaremos algo sobre la historia de los nacionalismos, que no han traído más que violencia.


Como ya saben, unir las regiones de la península ha sido, y es, muy difícil, por no decir imposible. Ni la misma Roma, ni los visigodos lo lograron. Incluso bereberes y árabes, en cuyas manos cayó prácticamente toda la extensión peninsular, tuvieron que admitir y tolerar la existencia  de estados cristianos. 

Como también saben, el Califato de Córdoba se derrumbó, lo mismo que el Norte que, no habiendo caído bajo la bota árabe, se desarrollaba de varias formas. Bien es verdad que Galicia, Asturias, León, Navarra y Aragón tuvieron de forma pasajera cierta unidad, pero la mayoría de estas regiones, por no decir todas, fueron auténticos estados independientes durante la Edad Media.

Castilla fue la que tuvo más desarrollo ya que, nacida de Asturias y León, ocupaba el centro de la península, avanzando sus conquistas hacia Cartagena, Murcia, Córdoba, Sevilla y Cádiz, aunque este estado tampoco pudo hacer mucho por su unidad.

Navarra fue gobernada durante más de doscientos años por gente francesa, mientras que Aragón se unió a Barcelona, siendo el origen de ésta un condado franco. Esta unión les permitió apoderarse de grandes extensiones  no solamente de Levante y Baleares, sino también de Sicilia y Nápoles.

Como es sabido también, sólo el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1479, sentaron las bases para el comienzo de un nuevo período, trillando el camino para la conquista del último reducto moro de Granada en 1492, conduciendo por fin a la unión de todas las regiones de España.

Si bien es verdad que la unidad total del nuevo Estado aún estaba en ciernes, tanto los Reyes Católicos como el Cardenal Cisneros pusieron todo su esfuerzo y empeño para conseguirla, aplicando dos medidas importantes:

a).- Creación de la Santa Hermandad para el mantenimiento del orden público, y

b).- el decreto de marzo de 1492 por el que se expulsaba a los moros y a los judíos que no quisieran ser cristianos.

La unidad del reino quedó servida, a la vez que en todo el territorio imperaba el cristianismo.

Y así estaban las cosas, cuando surgió la empresa de Colón, con la conquista americana, surgiendo asimismo las guerras religiosas europeas.


Continuará.



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