martes, 21 de abril de 2015

Sobre Ortega y Gasset ( V I I )


Como ya saben, estamos dedicando unas entregas a  D. José Ortega y Gasset, filósofo prácticamente olvidado hoy por los de la internacional de la mentira, del odio y del rencor.


 Como ya hemos dicho varias veces, y no nos cansaremos de repetirlo, tanto él como D. Gregorio Marañón, D. Ramón Pérez de Ayala, y un larguísimo etc, fueron los verdaderos y auténticos republicanos. Como ya sabrán, estos tres intelectuales tuvieron que huir de España perseguidos por los comunistas.

El libro “Tríptico. Mirabeau o el político. Kan. Goethe”, autor José Ortega y Gasset, Ediciones Espasa Calpe, S.A., Colección Austral 1964, 196 páginas incluido “Índice de autores de la colección Austral”,  está dividido en tres partes, como se puede ver  en el título: “Mirabeau o el político”, páginas 11 a 62; “Kant”,  páginas 65 a 122 y “Gohete desde dentro”, páginas 125 a 178. Dentro de la primera parte, página 52 y siguientes, y como continuación de lo visto en la anterior entrega, en la que Ortega se refería al error de considerar al Estado por encima de la Nación,  nos dice lo siguiente:

“Este error lleva a tergiversar por completo la esencial cuestión. Yo veo que casi todo el mundo – autoritarios como radicales – moviliza su intelecto en esta falsa dirección: ¿cómo es posible crear en España un Estado lo más perfecto que quepa imaginar? (Para el autoritario y para el radical, la perfección del Estado consiste en cualidades divergentes; pero el propósito es común: lograr un Estado perfecto) Para quien piensa que la perfección del Estado se halla fuera de él, en la perfección del cuerpo nacional, el pensamiento político tiene que volver de revés la cuestión: ¿cómo hay que organizar el Estado para que la nación se perfecciones?

La distinción no es ociosa ni utópica. Llega nuestro pueblo, como los demás de Europa, a un punto en que se ve forzado a inventar instituciones; esto es, una figura de Estado. La solución variará sobremanera según se halle dispuesto a ver el problema en una u otra forma. Rusia e Italia han preferido equivocarse, y en vez de innovar profundamente ( I ) han seguido la tradición utópica de los últimos siglos: han preferido el fantasma transitorio de un Estado perfecto al porvenir de una nación vigorosa y saludable. 

Yo deseo para nuestra España una solución inversa, más completa y de más larga perspectiva”

( I ).- “Las innovaciones son tanto más profundas, serias y sutiles cuanto menos espectaculares sean. En política, lo espectacular es romanticismo,  retorno al pasado o retención dentro de él”.


Continuará.



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