jueves, 9 de octubre de 2014

Recordando la Historia. La república marxista. ( L X )


Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la ex marxista Regina García ha sido borrada de la Historia por los historieteros paniaguados de lo políticamente correcto.



Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la ex marxista Regina García ha sido borrada de la Historia por los historietereros paniaguados de lo políticamente correcto. Como hemos dicho también en otras ocasiones, escribió dos libros que también fueron borrados del mapa, libros que nosotros guardamos como auténticos tesoros. Dichos libros se intitulan “Yo he sido marxista. El cómo y el por qué de una conversión”, Editora Nacional 1952, 428 páginas incluido Índice, y “El bulo de los caramelos envenenados”, Publicaciones Españolas 1953, 31 páginas incluido Índice. Como ya sabrán, este último lo estamos insertando en el blog en varias entregas.

Vamos a ver lo que nos dice Regina en el primer libro, del que ha hemos visto algo en la entrega  L V I I I.

Con motivo de las condiciones impuestas por la URSS, aceptadas por el gobierno republicano, se lee en las páginas 182 y 183:

“En cumplimiento de lo estipulado, el 26 de octubre de 1936 salió de Cartagena, con dirección a Odesa, el buque soviético Neva, escoltado por los destructores, también soviéticos, Volgoses y Kine, que llevaban los ciento cuarenta y un millones de pesetas oro, en moneda acuñada y en barras, que constituían el importe anticipado de la mitad de las mercancías que Rusia se había comprometido a enviar, más los gastos de reclutamiento y traslado de las célebres Brigadas Internacionales, que llegaron a España en los primeros días del mes de noviembre de 1936 y que estaban formadas por toda la escoria social esparcida por el mundo entero.

Llegaron estas Brigadas en plan de conquista y se instalaron en los más suntuosos palacios convertidos en cuarteles para ellos. Su debut fue una especie de vísperas sicilianas en Albacete, en las que dieron muerte alevosa a todo ciudadano sospechoso de antimarxismo. Seguidamente organizaron sus servicios regiamente. Su intendencia y sanidad eran las mejores. Verdaderos niños mimados del ejército republicano, si bien su disciplina dejaba mucho que desear; como la de los milicianos era todavía inferior, no se notaba esa deficiencia, y, en cambio, su técnica y preparación eran muy superiores a las de los rojos españoles. Kleber, Hans Beilmer, Berzin, Hugo Frank, Lucacz, José Bruz, Palmiro Togliatti, Pietro Menni y Nino Nanetti llevaban la parte militar de la organización, y André Marty era el organizador, animador y promotor de las concentraciones, para lo cual, cobrando magníficas dietas y dándose vida de príncipe, había recorrido el mundo entero en busca de soldados para la noble causa de la confraternidad universal, que en España estaba cometiendo toda clase de crímenes”


Continuará



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