lunes, 15 de septiembre de 2014

Recordando la Historia. La república marxista. ( L V I I I )


Una de las personas que han sido borradas de la historia por los “historieteros” paniaguados, ha sido Regina García García. Esta señora había nacido en la Coruña en 1898, falleciendo en Madrid en 1974.



Una de las personas que han sido borradas de la historia por los “historieteros” paniaguados, ha sido Regina García García. Esta señora había nacido en la Coruña en 1898, falleciendo en Madrid en 1974.

Pertenecía al PSOE en los años treinta del siglo pasado, siendo candidata de dicho partido en la elecciones de 1933 por Ciudad Real y Murcia. Durante la Guerra Civil fue la responsable de Prensa y Propaganda del Estado Mayor del General Miaja. Al terminar la guerra fue detenida y condenada a doce años de prisión, pero sólo cumplió un año de condena, ya que fue indultada y liberada en los últimos días del año 1940. 

Posteriormente se dio cuenta de todo el engaño marxista y, arrepentida escribió los libros  “Yo he sido marxista. El cómo y el por qué de una conversión”, Editora Nacional 1952, 428 páginas incluido Índice, y “El bulo de los caramelos envenenados”, Publicaciones Españolas 1953.

Vamos a ver lo que nos dice Regina García en el primer libro, concretamente en el capítulo XIII intitulado “La caída de los dioses”, páginas 180 a 206:

“El desbarajuste político llegó a límites insospechados, por la desarmonía entre los gobernantes. A los peligrosos histerismos del Gobierno Martínez Barrio-Casares Quiroga, que no cesaba de pedir auxilio a las potencias democráticas sin obtener el menor éxito, sucedió el de Largo Caballero, que desde el primer momento se arrogó el título de ‘Gobierno de la Victoria’, sin contar para el logro de tan altas aspiraciones con más ayuda que la costosa que la U.R.S.S. le ofrecía”.

En otro párrafo se narra las negociaciones con la URSS a través de  Álvarez del Vayo, “a la sazón representante dela República en la U.R.S.S., logró feliz éxito. Rusia aprovechó la ocasión que se le venía a las manos para realizar su deseo de intervenir activamente en la política española, y al paso hacer un bonito negocio financiero. Se comprometió seriamente a enviar todo lo que fuese necesario en armas, municiones, víveres y material sanitario, mediante el pago en oro de la mitad de su importe, y la otra mitad en dos semestres vencidos, más la concesión de puertos francos, explotaciones mineras a largo plazo y, sobre todo, la intervención del Partido Comunista en la gobernación del país, por lo menos con dos ministros en el Gobierno. También reclamó garantías para la libre acción política de sus afiliados.

En cuanto a hombres, la U.R.S.S. no podía comprometerse a enviar tropas regulares; pero sí técnicos, lo mismo en carros, artillería y toda clase de mecánica; así como en laboratorios, explosivos y táctica militar. Además, como sede central de la III Internacional, podría movilizar sus brigadas de choque, formadas por  miembros activos de la misma, para lo cual se crearon centros de reclutamiento en las principales ciudades de Francia, Bélgica, Inglaterra, Austria, Checoslovaquia, Holanda, Suiza, península Escandinava, Rumania, Yugoslavia, Grecia, Ucrania, Polonia y hasta en la misma Rusia, donde se alistaban no sólo los nativos pertenecientes a la Internacional Comunista, sino también los alemanes, italianos, portugueses, egipcios y demás emigrados de sus respectivos países, por enemistad con el régimen político de los mismos, o por ‘incompatibilidad’ con las leyes comunes  al derecho de gentes en todo país civilizado.

El Gobierno de la República española aceptó todas las condiciones que la U.R.S.S. quiso imponer, a pesar de las ominosas que algunas resultaban, porque urgía recibir refuerzos, sobre todo en la cuestión relativa a los hombres, pues las milicias formadas en los primero momentos no surtían eficacia por su falta de disciplina y absoluta carencia de preparación militar”. 


Continuará.



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