lunes, 8 de septiembre de 2014

Personajes célebres. Alfonso Bertillon ( I I )


Como decíamos en la última entrega, es ésta veremos las consecuencias que trajo el nuevo método descubierto por Bertillon que, como ya hemos dicho también en la primera entrega,  fue la primera persona que identificó a un asesino por las huellas dactilares.



Una vez presentado su descubrimiento, el jefe de la Prefectura parisina dio a Bertillon un plazo de tres meses para comprobar si tal descubrimiento serviría para algo. Aunque a Bertillon tal plazo le pareció muy corto, no le quedó otra opción más que aceptar. Conviene recordar aquí lo que decíamos en la primera entrega: Bertillon clasificó los 222 huesos de nuestro cuerpo, descubriendo que no hay ningún ser humano que tenga las mismas medidas en sus huesos, demostrando que había 11 partes del cuerpo que no sufrían alteración.

Una vez aceptado el reto de los tres meses, comenzó sentando al delincuente en una silla giratoria y a tomarle fotografías, poniendo mucha atención en los perfiles ya que, según decía, se veían con más precisión la nariz, la barbilla y la frente. A continuación tomaba las medidas del delincuente, con atención especial las de la cabeza, la oreja derecha y el dedo corazón de la mano izquierda y el pie de ese mismo lado. Todos estos datos, incluídas las fotografías,  eran anotados en una tarjeta y archivados.

Habían transcurridos casi dos meses y aún no se había identificado a ningún reincidente. Pero quiso la suerte que un día, y dentro del plazo, fue arrestado un hombre, de complexión fuerte, que decía llamarse Dupont, porque lo habían pescado robando. Ni qué decir tiene que el ladrón dijo que  esta era la primera vez que se le arrestaba. 

Bertillon comenzó inmediatamente a establecer comparaciones y datos, hasta que encontró una tarjeta de un delincuente apellidado Martín, el cual había sido arrestado también  por robo unos meses antes. Las medidas del dicho Martín coincidían exactamente con las de Dupont. Aunque éste había desfigurado su nariz, la estructura ósea de ésta era la misma. Descubierto el engaño, Dupont confesó que él era Martín.

El éxito fue enorme. A partir de este momento fueron identificados gran cantidad de reincidentes, lo que llevó a que Bertillon fuese nombrado jefe del nuevo departamento de identificación.

Tal sistema de identificación pronto traspasó las fronteras: Chicago, Washington, Nueva York, etc, etc, adoptaron dicho sistema, intercambiándose todo tipo de información.

Bertillon siguió investigando, dedicándose a lo que se llamaba “crímenes perfectos”, muy difíciles de resolver. Y así sucedió cuando fue asesinado el barón Zeidler, un hombre muy rico que fue encontrado muerto en sus establos.

En la próxima entrega veremos cómo Bertillon descubrió el asunto, descubriendo también que la estatura de un delincuente podía saberse por la longitud de sus pasos.


Continuará


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