viernes, 12 de septiembre de 2014

Los asesinos de Montesquieu y su rebaño


A parte del daño económico infligido  por el gobierno socialista del Bobo Solemne, se produjo otro de gravísimas consecuencias: el ataque directo y sin ambages contra el Poder legislativo. El asunto tuvo sus comienzos a mediados de los años ochenta con aquello de “Montesquieu ha muerto”, pronunciado por el flébil y ciclotímico Alfonso Guerra. La voladura de los cimientos del Estado de derecho ya se produjo en aquel entonces. El finiquito y sepelio de la separación de poderes quedó servido. Ahora solo falta la incineración de lo poco que quedaba de la Justicia, que ha sido encadenada, junto a los jueces, a las decisiones políticas del Gobierno. Golpe mortal contra la Audiencia Nacional. Para eso está, según nos dicen, el “derecho alternativo”, derecho que no existe, ni está escrito, pero vale para pasarse la ley por  el forro de los dídimos.



Todo esto fue uno de los peajes políticos que tuvo que pagar en su día el bobo solemne para con seguir uno de sus objetivos: la desmembración de España. Para esta desmembración valía todo:  desde el maquillaje político, a la ingeniería mediática, de la que el gran  artífice era  el magro Pepiño Blanco, cuando empezaba sus discursos con el consabido “el Partido Polular . . .”

En fin, así son estos pastores que intentan convencer, y convencen a su rebaño, de las buenas intenciones del lobo.


¿Y qué hace el gobierno actual del desnortado e híbrido PP para tratar de remediar todo esto? Pues sencillamente nada. Sus complejos y su cobardía son patentes.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog