sábado, 9 de agosto de 2014

Odio a EE.UU. y a Israel ( y I I I )



Y terminamos


Aunque en España haya cuestiones importantísimas, como todos sabemos, parece que hay un tema que sí “interesa”, aunque no esté en el candelero: la guerra en Israel, que es una guerra salvaje y cruel contra los palestinos, nos dicen, omitiendo que es una guerra contra el terrorismo. Sin embargo, las guerras contra los cristianos y personas indefensas en Pakistán o la India, y las matanzas de inocentes en el Congo y en Uganda, parece que no importan a nadie. Sólo interesa Israel ¿Por qué?

¿Cómo es posible que se ataque a este pequeño país, único demócrata en esa zona, rodeado por sanguinarias dictaduras? ¿Por qué no se hacen manifestaciones en contra de estas dictaduras? ¿Cómo no se estremecen las fibras de esos luchadores por la paz y la democracia, asalariados del poder y de lo políticamente correcto? La hemiplejía moral de esta gente no tiene nombre: se les prohíbe decir que Israel se está defendiendo de ataques terroristas. 

Tememos que la propaganda carente de objetividad y tergiversadora de algunos hechos, puede también producir daños en la política interior ya que con ella, en ciertas capas de la población, se suscitan sentimientos antisemitas 

Aducen que en aquellos territorios estaban los palestinos primero y que dichos territorios fueron invadidos, por tanto, por extranjeros ¿Pero qué extranjeros? ¿Los amorreos, hititas, filisteos, asirios, cananeos, romanos y griegos? Si los “palestinos” reclaman aquellos territorios, entonces los árabes podrían reclamar España, y España, a su vez, podría reclamar América del Sur, etc, etc. 

Recordemos que en estos territorios tuvieron lugar casi todos los acontecimientos narrados en el Antiguo y Nuevo Testamento, destacando los XV siglos que vivieron allí los profetas, patriarcas, reyes, etc. de Israel. 

Recordemos también, que mucho antes de constituirse el estado de Israel en 1948, ya habían regresado muchos judíos a aquellas tierras, convirtiendo en un auténtico vergel casi todo el desierto, con un sistema de regadío gota a gota único en el mundo. 

Palestina, como todo el mundo sabe, tuvo varios nombres: Canaán, Tierra de Israel, Tierra Prometida, Tierra Santa, Tierra de Jehová y Judea. Es decir, nombres que nada tienen que ver con el mundo árabe-musulmán. 

Recordemos, asimismo, que este territorio en tiempos de Jesucristo estaba dividido en cinco comunidades o distritos políticos al estilo romano: Judea del Sur, Samaria, Galilea, Basán y Perea. En la Biblia se denomina a Palestina con estos nombres indistintamente. Además, estos territorios palestinos estuvieron dominados por el imperio romano y posteriormente por el imperio bizantino. 

Posteriormente, los islamistas tomaron y conquistaron Palestina, dominio que duró 400 años. Después fue tomada por los turcos, que la dominaron hasta las Cruzadas. En 1517, a su vez, los otomanos la conquistaron de nuevo estando en poder de los mamelucos egipcios, quienes a su vez la habían arrebatado a los cristianos. 

Como se puede colegir, todas estas conquistas y reconquistas hicieron que Palestina se convirtiera prácticamente en un terreno áspero y desértico, no apto para ningún tipo de agricultura. 

A pesar de estos inconvenientes, recordemos que en 1882 un grupo de judíos emigrados de Europa, se establecieron allí, comenzando a trabajar laboriosamente la tierra, cosa que no habían hecho los “palestinos” que vivían allí. Esta inmigración de aquel puñado de judíos europeos puede considerarse como el primer paso para la creación del estado de Israel. 

Como no podía ser de otra manera, otra vez surgió la guerra y el enfrentamiento: en este caso sería la Gran Guerra. Al final de la misma, los ingleses echaron a los turcos, ocupando el territorio. Al terminar la guerra, se promulgó un decreto, Declaración de Balfour, para el establecimiento de una nación judía, declaración que fue aprobada por la Sociedad de Naciones, quien nombró a los ingleses para que gobernasen este incipiente país. Esto hizo que miles de judíos dispersos por el mundo entero llegaran a aquellos territorios, empezando a emerger, construyendo ciudades e industrias y desecando pantanos. 

En este momento es cuando empiezan los recelos y resentimientos árabes: querían que Palestina fuese un estado árabe. Había que “echar al mar” a los judíos. 

Y vuelve otra vez la guerra: en este caso la II Guerra Mundial, que hizo que miles judíos, ante el terrorismo nazi, buscasen refugio en “Palestina”. 

Pero antes de comenzar la II Guerra en 1939, ya estaban los judíos sufriendo el hostigamiento y la guerra de guerrillas por parte de los árabes desde 1936, sin que los ingleses fuesen capaces de evitarlo, cediendo ante las peticiones y demandas de los árabes, entre las que se encontraban detener la inmigración procedente de la Alemania nazi. 

Después de todos estos vaivenes, llegamos al 14 de mayo de 1948 en el que se proclama el Estado de Israel. Este mismísimo día, los estados de Irak, Jordania, Líbano, Egipto, Siria y Arabia Saudí, todos ellos árabes y musulmanes, se unen en un ataque contra Israel, ataque que termina con un auténtico desastre para los invasores, como ocurrió en junio de 1.967 , año en el que nuevamente los árabes vuelven a levantarse contra Israel, cosechando una nueva derrota en la llamada Guerra de los Seis Días.

Desde entonces, los enfrentamientos entre árabes-musulmanes e Israel, prácticamente no ha cesado.



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