miércoles, 6 de agosto de 2014

LXX aniversario del comienzo de la II Guerra Mundial ( y I X )




Holocausto marxista 

El 22 de junio de 1941, la Wehrmacht del III Reich desencadenó la Operación Barbarroja contra la URSS. Casi dos años después, el 2 de Febrero de 1943, dicha operación comienza a fracasar en el frente de Stalingrado, convirtiéndose en el primer acto de la derrota de Hitler. Al batirse en retirada el ejército alemán, casi cinco millones de ciudadanos soviéticos se desplazaron a Europa huyendo del totalitarismo marxista. Este personal era preferentemente militar que, aprovechando el enfrentamiento germano-soviético, proseguía su combate antimarxista enrolándose en la Wehrmacht como Russkaja Osvoboditelnaja Arnija (ROA) , que se podría traducir como Ejército de Liberación Ruso, mandado por el general Andreevic Vlasov.

A pesar de su antisovietismo, estos combatientes eran considerados por los Aliados como enemigos por haber luchado al lado de Hitler. Después del desembarco de Normandía (6-6-1944), miles y miles fueron hechos prisioneros y llevados a campos de Gran Bretaña. Una vez allí, comenzó la repatriación a la URSS. Muchos de ellos se suicidaron, ya que no otra cosa que la muerte les esperaba en la Rusia de Stalin. 

En octubre de 1944 se reunieron en Moscú Churchill, Eden, Stalin y el ministro de Asuntos Exteriores soviético Vyaceslav M. Skarjabin (alias Molotov). Tomaron el acuerdo de repatriar, incluso forzosamente y en contra de los interesados, a los prisioneros soviéticos. Este acuerdo fue silenciado y borrado de la Historia, como el pacto nazi–soviético, del cual ya hemos hablado. Oficialmente se dijo que la decisión de la repatriación se había tomado en la conferencia de Yalta, que se celebró en Febrero de 1.945, es decir, cuatro meses después de la reunión de Moscú. Unos tres millones de ciudadanos soviéticos fueron devueltos s la URSS en contra de su voluntad. Esta operación duró casi tres años. El último envío fue realizado en Abril de 1947. 

En una situación parecida se encontraron los cosacos y los caucásicos, después de rendirse en Austria al ejército británico en Mayo de 1945. Estos combatientes pertenecían a un Cuerpo de Caballería mandado por el general alemán Helmut von Pannwitz, del que los soviéticos dijeron que pertenecía a las SS. Esta afirmación era falsa ya que, paradójicamente y a pesar de tener tan alta graduación, no comulgaba con la idea nazi. Por otra parte, nunca estuvo destinado de manera directa en la guerra antisoviética en suelo ruso, sino que combatió en los territorios eslavos del Sur contra los partisanos de Tito. 

Una vez derrotado Hitler, los cosacos, inocentemente, esperaban una continuación de la guerra en sentido inverso, es decir, contra la URSS. Estaban confiados en su vieja amistad con Londres desde los tiempos de la Guerra Civil rusa. Entre aquellos se encontraban numerosas personas de la emigración blanca, es decir, personas no sujetas al acuerdo de repatriación, ya que no eran ciudadanos soviéticos. No hubo ninguna consideración: hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos, etc, fueron engañados y entregados a los soviéticos por la fuerza. En los campos de Lienz, Oberdrauburg, Neumarkt, etc, las escenas de pánico, horror y terror fueron indescriptibles: los suicidios colectivos en las aguas del río Drava lo corroboran. Si alguno se escapaba a la hora o al fusilamiento, era internado en el GULAG ya que, según el Padre de Todos los Pueblos, el prisionero de guerra es un traidor peligroso pues ha visto Occidente. En estos crímenes no se tuvo en cuenta la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra, ya que nunca fue firmada por Stalin. El 17 de Enero de 1947, Pravda anunció la ejecución de todos los oficiales cosacos. 

Hubo también otra masacre perpetrada por los comunistas: la cometida contra los eslavos meridionales, que fueron entregados a Tito por los británicos a principios de Junio de 1945. Estos eslavos fueron vilmente asesinados por los partisanos comunistas y sepultados en fosas comunes (¡¡¡ recuperación de la memoria histórica !!! ) en el bosque de Kocevje (Eslovenia), en donde se han recuperado restos de 10.000 víctimas. Más de 70.000 personas, entre cosacos y eslavos meridionales, fueron ejecutados por los comunistas. 

Esta traición de entregar a cosacos y eslovenos a los marxistas, se mantuvo en secreto hasta hace poco. Ahora se sabe que fue Maurice Harold MacMillan, a la sazón ministro plenipotenciario en el Mediterráneo y posteriormente primer ministro de los hijos de la Gran Bretaña ( 1957 a 1963 ), quien ordenó a cualquier precio las repatriaciones forzadas. 

En Marzo de 1982 fue erigido un monumento en Inglaterra en recuerdo a las víctimas de Yalta que, en honor a la verdad, tenía que ser el de las víctimas de la reunión de Moscú. Pero, claro, la falsificación de la Historia es consustancial a lo políticamente correcto. 

La orquesta y el orfeón de la internacional de la mentira, del odio, del rencor, del resentimiento, de la manipulación, de la venganza y de la ira, tienen aquí tema para reflexionar. Y el juez Garzón también.


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