sábado, 12 de julio de 2014

Recordando la Historia. Carta de Juan de Borbón desde Lausana.



El 19 de marzo de 1.945,  desde Lausanne, Juan de Borbón, abuelo de Felipe VI “El endilgado”, y padre de Juan Carlos I “El atornillado”, escribía la siguiente carta a los españoles. Como podrán observar, sandeces y majaderías por doquier que pocos creerán.

Nos llama la atención cuando habla de Alfonso XIII, su padre, «el generoso sacrificio del Rey de abandonar el territorio nacional para evitar el derramamiento de sangre española resultó inútil ». Esto es de risa : lo que tenía que haber hecho era renunciar a la corona y que la monarquía desapareciese, quedándose en España, y no huyendo a la Italia de Mussolini, con un sistema totalitario al que se critica en esta carta. Lean la carta :

« ESPAÑOLES :
Conozco vuestra dolorosa desilusión y comparto vuestros temores. Acaso lo sienta más en carne viva que vosotros, ya que, en el libre ambiente de esta atalaya centroeuropea, donde la voluntad de Dios me ha situado, no pesan sobre mi espíritu ni vendas ni mordazas. A diario puedo escuchar y meditar lo que se dice sobre España.

Desde abril de 1931 en que el Rey mi Padre suspendió sus regias prerrogativas, ha pasado España por uno de los períodos más trágicos de su historia. Durante los cinco años de República, el estado de inseguridad y anarquía creado por innumerables atentados, huelgas y desórdenes de toda especie, desembocó en la guerra civil que, por tres años, asoló y ensangrentó la Patria. El generoso sacrificio del Rey de abandonar el territorio nacional para evitar el derramamiento de sangre española resultó inútil.
Hoy, pasados seis años desde que finalizó la guerra civil, el régimen implantado por el general Franco, inspirado desde el principio en los sistemas totalitarios de las Potencias del Eje, tan contrario al carácter y a la tradición de nuestro pueblo, es fundamentalmente incompatible con las circunstancias  que la guerra presente está creando en el mundo. La política exterior seguida por el régimen compromete también el porvenir de la nación.

Corre España riesgo de verse arrastrada a una nueva lucha fratricida y de encontrarse totalmente aislada del mundo. El régimen actual, por muchos que sean sus esfuerzos para adaptarse a la nueva situación, provoca este doble peligro, y una nueva República, por moderada que fuera en sus comienzos e intenciones, no tardaría en desplazarse hacia uno de los extremos, reforzando así al otro, para terminar en una nueva guerra civil.

Sólo la Monarquía Tradicional puede ser instrumenta de paz y de concordia para reconciliar a los españoles; sólo ella puede obtener el respeto en el exterior, mediante un efectivo Estado de Derecho, y realizar una armoniosa síntesis del orden y de la libertad en que se basa la concepción cristiana del Estado. Millones de españoles de las más variadas ideologías, convencidos de esta verdad, ven en la Monarquía la única Institución salvadora.

Desde que por renuncia y subsiguiente muerte del Rey Don Alfonso XIII en 1941 asumí  los deberes y derechos a la Corona de España, mostré mi disconformidad con la política interior y exterior seguida por el general Franco. En cartas dirigidas a él y a mi representante hice constar mi insolidaridad con el régimen que representaba y por dos veces, en declaraciones a la Prensa, manifesté cuán contraria era mi posición en muy fundamentales cuestiones.

Por estas razones, me resuelvo, para descargar mi conciencia del agobio cada día más apremiante de la responsabilidad que me incumbe, a levantar mi voz y requerir solemnemente al general Franco para que, reconociendo su fracaso de concepción totalitaria del Estado, abandone el poder y dé libre paso a la restauración del régimen tradicional de España, único capaz de garantizar la Religión, el Orden y la Libertad.

 Bajo la Monarquía  - reconciliación, justiciera y tolerante - caben cuantas reformas demande el interés de la nación. Primordiales tareas serán: aprobación inmediata, por votación popular, de una Constitución política, reconocimiento de todos los derechos inherentes a la persona humana y garantía de las libertades políticas correspondientes; establecimiento de una Asamblea Legislativa elegida por la Nación; re-conocimiento de la diversidad regional; amplia amnistía política; una más justa distribución de la riqueza y la supresión de injustos contrastes sociales contra los cuales no solo claman los preceptos del cristianismo, sino que están en flagrante y peligrosísima contradicción con los signos político económicos de nuestro tiempo.

No levanto bandera de rebeldía ni incito a nadie a la sedición, pero quiero recordar a quienes apoyan el actual régimen la inmensa responsabilidad en que incurren contribuyendo a prolongar una situación que está en trance de llevar al país a una irreparable catástrofe.

Fuerte en mi confianza en Dios y en mis derechos y deberes imprescriptibles, espero el momento en que pueda realizar mi mayor anhelo: la Paz y concordia de todos los españoles.
¡Viva España!»

Como dato curioso, diremos que la Gaceta de Madrid (Boletín Oficial del Estado de aquellos años), publicaba el 26 de noviembre de 1.931una orden de las Cortes Constituyentes, firmada por Azaña, que culpaba de alta traición a Alfonso XIII, le retiraba todos sus derechos y autorizaba a cualquier ciudadano a capturarlo si entraba en España.

Añadiremos también que el mentado Juan de Borbón decidió voluntariamente alistarse en el bando nacional, junto con su hermano Jaime. El asunto no se materializó porque Franco no lo permitió.

Nota.- Lo destacado en rojo es nuestro ¿Paz y concordia entre los españoles? ¿Cuántas veces fue derramada sangre española por los mangoneos y enfrentamientos dinásticos? ¿A qué clase de concepción cristina se referirá este su jeto? ¿A la que tienen su hijo atornillado y su nieto endilgado? En cuanto a la justa retribución de la riqueza ¿se referirá a lo que percibe su bisnieta Leonor que, por “pasar” a ser princesa de Asturias, cobrará 102.000 € anuales?  De risa, de pena y de dolor, vamos


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