jueves, 24 de julio de 2014

LXXV aniversario del comienzo de la II Guerra Mundial ( V I I I )



Hitler y Pío X II ( y I I )

Terminaremos este asunto con un artículo del exmarxista y ateo Carlos Semprún Maura, publicado en Revista Digital el 2 de marzo de 2.002. Dice así: 

“Desde luego, Costa-Gavras, su productor Claude Berri, y su guionista Jean-Claude Grumberg se estarán frotando alegremente las manos por el escándalo que se ha creado en Francia. Pero no solamente en torno a su película “Amen” con un cartel donde la cruz cristiana se convierte en cruz gamada nazi. Supera probablemente todas sus esperanzas. Publicidad masiva, negocio redondo. La mentira comunista sigue siendo archirrentable. En Francia, curiosamente, se ha vuelto a la "guerra religiosa" de hace decenios: la izquierda apoyando la película e insultando al Papa Pío XII y a la Iglesia católica y la derecha, defendiéndoles.

Tratándose de una película, los ánimos están desorbitados absurdamente, pero bueno, la película es lo de menos, salvo en cuestión de beneficios. Detrás de esta polémica se disimulan mal muchas cosas. No pienso bajar a las alcantarillas para discutir detalles soeces de todo este asunto. Apuntaré dos palabras, sin embargo. ¿Quién de Roosevelt, Churchill y no hablemos ya de Stalin, sería siniestramente cómico, denunció de forma tajante el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial? Sin embargo, ellos tenían potentes ejércitos. El escándalo se produjo esencialmente después de la guerra, cuando el horror (negado, ocultado o desconocido) resultó evidente. Pío XII tampoco protestó, o no suficientemente, se nos dice. Pero resulta que Golda Meier, que fue primera ministra de Israel, rindió homenaje a Pío XII en la ONU, en 1958. Y leo en Le Figaro del 26 de febrero: "En el memorial de Yad Vachem, en el Valle de los Justos (en Israel, claro) se ha plantado un árbol con el nombre de Pío XII". Lo cual demuestra que las cosas no son tan negras, ni tan simplistas, como dicen Costa-Cavras y sus innumerables hinchas. Me resulta bastante curioso, siendo ateo, sentirme obligado a defender a la Iglesia católica y a Pío XII. Pero es que para mí la verdad lo supera todo. Podré equivocarme, pero no quiero mentir.

Evidentemente, como ya dije, la historia de la Iglesia católica y de sus papas conlleva intolerancia y acciones repelentes, como la Inquisición o su antisemitismo evidente en el pasado, también podría remontarme más lejos y hablar de las guerras de religión y de las masacres de protestantes, etc, pero todo ello la propia Iglesia lo ha criticado abiertamente (demasiado, según algunos católicos) y ha cambiado mucho. No siempre para bien si pensamos en esos nuevos engendros del cura-guerrillero, el cura-comunista o en muchos aspectos mortíferos de la "teoría de la liberación" y otros aquelarres.

Pero esto no es lo esencial. En la polémica actual, algunos, más sinceros o más ingenuos, proclaman que el pecado mortal de Pío XII y de la Iglesia católica es el de haber sido anticomunistas. Y aquí está el meollo de la cuestión y de la, hasta cierto punto, misteriosa influencia de la ideología totalitaria, después del rotundo y sangriento fracaso del comunismo. Al Papa actual, Juan Pablo II, intentaron asesinarle mediante un joven turco, manipulado por los servicios búlgaros a las órdenes del KGB, por su anticomunismo, pero a finales de la II Guerra Mundial e inicios de la guerra fría, el movimiento comunista internacional, (estados y partidos, primera potencia mundial) lanzó la idea sencilla, en seguida popular y totalmente embustera, de que no se podía ser anticomunista sin ser nazi o fascista. "Los anticomunistas son unos perros", afirmaba el políticamente imbécil Sartre. Pío XII al ser anticomunista solo podía ser un nazi y un antisemita, y se lanzó una campaña de infundios, mentiras y exageraciones, recogidas ahora en Amén, inspirada en El Vicari. 

El mismo tipo de propaganda gigantesca y mentirosa había comenzado antes, por los años treinta, época de los Frentes Populares y de nuestra guerra civil, en la que los trotsquistas eran "hitlerianotrotsquistas" y el POUM, como trotsquista, no lo era, pero dicha propaganda no se detenía en esos detalles, merecían sus dirigentes ser fusilados como agentes de la "quinta columna". Cosa que no lograron, salvo en el caso del valiente y mediocre Andrés Nin, torturado a muerte. Pero sus compañeros fueron detenidos y su partido disuelto. Inmediatamente después vino el Pacto nazi-soviético, que no fue un pacto de no agresión, sino de colaboración activa en Polonia, en los países bálticos, en infinidad de acciones represivas llevadas a cabo conjuntamente con la movilización de los PC a favor del nazismo (detalle muy olvidado). Así, hasta que la locura guerrera de los nazis, y de Hitler en primer lugar, les lanzara a la conquista de la URSS, en junio de 1941.

Todas las operaciones de agit-prop contra el Papa, y contra todos los anticomunistas (fueran estos católicos o ateos, de cierta ultra izquierda o demócratas liberales) tenían también como objetivo borrar esa activa colaboración entre la Alemania nazi y la URSS, que duró de 1937 (entonces aún solapada) hasta 1941. Después de la guerra, el prestigio de la URSS, y del propio Stalin, fueron tremendos, muy pocos se atrevían a denunciar la realidad del totalitarismo y su Gulag, y era relativamente fácil por entonces denunciar a los anticomunistas como nazis, cuando el nazismo había sido liquidado militarmente. Así también podía escamotearse el verdadero antisemitismo de Stalin y de un sector considerable del movimiento comunista que no se manifestaba "de boquilla", como uno lo verifica a diario, sino con dura represión policíaca y deportaciones masivas.
Otro detalle ocultado: en la URSS, como en la Europa del Este sojuzgada por Moscú, se borró toda memoria del Holocausto. Oficialmente, la masacre de millones de judíos no había existido. La asignatura pendiente seria entender por qué hoy, cuando la URSS se ha hundido, el nazismo ha sido radicalmente aplastado y la Iglesia católica ha pronunciado su "mea culpa", vuelven, no sólo Costa-Gavras, sino casi toda la prensa de izquierdas, a la vieja propaganda de la Internacional Comunista, rebautizada por Stalin como Kominform con la antigua estafa según la cual no se puede ser anticomunista sin ser fascista. Ni siquiera le veo un interés partidista electoral, ya que en eso se está en Francia, porque son muchos los católicos que votan à gauche ”

También conviene recordar que en 1965, los delegados soviéticos en la ONU se opusieron con toda su rabia a que la Declaración de los Derechos Humanos incluyera la condena a la judeofobia, lo que implicaba que matar judíos no constituía ninguna violación. Por otra parte, los soviéticos propusieron que la citada Declaración condenara como crímenes raciales el sionismo y el racismo. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Archivo del blog