domingo, 13 de julio de 2014

LXXV aniversario del comienzo de la II Guerra Mundial ( V I I )



Hitler y Pío XII  ( I )

(“Por nuestra ignorancia no sabemos las cosas necesarias; por el error las sabemos mal”. Robert Burton) 

Parece que aún hay mentalidades que, hablando de oído, repiten como guacamayos las viejas instrucciones de la internacional de la mentira. Es el caso del supuesto entendimiento entre Hitler y el papa Pío XII, acusando a éste de colaborador con el nazismo y de antisemita. Obras como “El Papa de Hitler: la historia secreta de Pío XII”, del periodista inglés John Cornwell, o la pieza teatral “Il Vicario”, de Rolf Hochhuth, que viene a ser una copia de la anterior, desataron en su día una campaña de falsificación de la verdad histórica.

En el primer libro, el autor británico llega a decir que Pío XII ayudó a Hitler a subir al poder en 1933. Para impresionar al lector, en la portada aparece el Papa escoltado por dos soldados saliendo de un edificio público en Alemania. Lo que se omite es que tal foto es de 1929 (Hitler llegó al poder en enero de 1933).

Lo que tampoco se dice es que siendo secretario de estado vaticano, cuando era Papa su antecesor Pío XI, éste publicó la encíclica intitulada “Mit brennnender Sorge”, cuyo autor intelectual fue Eugenio Paccelli (futuro Pío XII), ya que había leído el “Mein Kampf” hitleriano y conocía perfectamente el peligro del nazismo.

La citada encíclica denunciaba la ideología del nazismo por sus planteamientos anticristianos y fue leída el 21 de marzo de 1937 (domingo) en los más de 11.000 templos católicos que había entonces en Alemania. Nunca el III Reich había recibido una crítica tan aguda.

La traducción del título “Mit brennnender Sorge” es “Con ardiente preocupación”. Pues bien Cornwell, con evidente mala fe, la traduce como “Con gran aprecio”. Sobra todo comentario. (Recomendamos leer el apartado 7 de la Introducción de la citada encíclica)

El propio Joachin von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores nazi, declaró en el proceso de Nüremberg que Alemania no había respetado las cláusulas del concordato, a pesar de las protestas del propio Pacelli, a la sazón Secretario de Estado vaticano.

En cuanto al antisemitismo del Papa, baste decir que personalidades que fueron perseguidas por el nazismo (casos de Albert Einstein o Golda Meir), agradecieron públicamente los gestos a favor del pueblo judío. El historiador Antonio Gaspari en su obra “Los judíos, Pío XII y la leyenda negra”, cuenta los testimonios de judíos que fueron salvados de la persecución nazi gracias a la intervención del propio Papa Pío XII.

Por si todo esto fuera poco, el historiador italiano Andrea Tornielli en su obra “Pío XII, el papa de los judíos”, cuenta cómo en 1943 Hitler ordenó a las SS “arrasar a sangre y fuego” la Santa Sede y secuestrar a Pío XII y llevarlo al principado de Liechtenstein. 

Hitler había montado en cólera porque el general Badoglio, dirigente fascista que aparentemente sostenía la continuación de la guerra al lado de Alemania, secretamente estaba preparando la firma del Armisticio con los aliados. Hitler se sintió traicionado y ordenó la destrucción del Vaticano.

El plan no se llevó a cabo por la oposición del general Kart Wolf, a la sazón comandante de las SS en Italia. El dirigente italiano democristiano Giulio Andreotti, que en su día había formado gobierno con el respaldo de los comunistas, declaraba que “la hostilidad contra el papa Pacelli se debió a su rechazo del comunismo”.

Continuará



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