miércoles, 18 de junio de 2014

Trillando el camino



Como recordarán, el pasado año 2013,  D. Antonio Rouco Varela, que a la sazón era el Presidente de la Conferencia Episcopal Española, envió una carta al atornillado patrón del “Bribón” felicitándole con motivo de su 75º cumpleaños. Lo curioso del caso es que tal carta también expresaba la felicitación de los obispos miembros de la CEE. Seguro que al augusto, por su “forma de ser”, le importó un comino, dos bledos y tres dídimos, la citada felicitación. Un párrafo del texto decía así:

“En un momento lleno de no pocas y serias dificultades de diverso orden, España puede encontrar en los años de Vuestro Reinado motivos de inspiración para mirar adelante con fortaleza”.

Este texto nos produce mucho repelús, por no decir otra cosa más fuerte. El cardenal puede felicitar al augusto con toda libertad, pero lo que no debe es mezclar a España con esta institución monárquica retrógrada, caduca, fuera de tiempo, lugar, situación y hábito, por culpa de la cual, y de sus jaleos dinásticos, España se ha visto ensangrentada muchas veces, y a la que muchos millones de españoles no queremos.

Por otra parte, el señor Rouco con esta “felicitación”, está trillando el camino a los enemigos de España porque enseguida sacarán a relucir lo de la connivencia monarquía-iglesia. Estos enemigos aprovecharán esta circunstancia “feliz” para lanzar a las masas a la calle como turbinas, cebándose precisamente con la monarquía, cosa que admitimos, pero no con la iglesia.

¿Cómo es que el señor Rouco Varela felicita a un sujeto que ha sancionado la ley del aborto? ¿Qué incongruencia es esa? ¿Habrá leído este señor los libros “La monarquía inútil”, “Juan Carlos I el último Borbón. Mentiras de la monarquía española”, “Letizia Ortiz. Una republicana en la corte”, “Adiós, princesa”, y otros más que figuran comentados en nuestra sección “Comentario de libros”? ¿Sabe monseñor lo de “Juanito ni hostias”?

Píénselo usted bien, señor Rouco: es de una gran responsabilidad unir la misión y los fundamentos de la Iglesia con esta casta borbónica. Suponemos que estará enterado, aunque no haya leído los libros anteriores, de muchos aspectos y hechos pasados y presentes nada ejemplares y edificantes de la citada pandilla borbónica, hechos estos que están originando, y con razón, un sentimiento de repudio hacia la “borbonada” y sus ad láteres. Y si este repudio es lógico y natural, lo inadmisible e injusto es que se extienda también a la Iglesia.

Y para terminar, una modesta recomendación: tenga cuidado la alta jerarquía eclesiástica con su relación con la “raleaza”. Los “mas-media” más ad hoc al sistema estarán al quite de esta “relación”, pudiendo terminar el asunto muy gravemente ¿O es que nos hemos olvidado de los miles y miles de religiosos, de la docena de obispos y de los también miles y miles de cristianos que fueron vilmente asesinados, precisamente en aquella ocasión en la que había un “feeling” entre la iglesia y la familia borbónica, que huyó cobardemente de España?


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