lunes, 16 de junio de 2014

Recordando la Historia. La república marxista. ( L I I I )



Si la guerra civil fue una lucha dramática, también fueron dramáticos los precedentes que la desencadenaron. Ya lo había dicho Pi y Margall cuando se derrumbó la I República en 1873: “Entre la dictadura y la anarquía, los pueblos acaban optando por la dictadura”.

Conviene tener en cuenta que la situación política, social y económica de los últimos años de aquella “borbonada” que terminó huyendo, se fue agravando por los sucesivos gobiernos republicanos, llegando a tener cuatro por año.

También conviene destacar que se aprobó una Constitución que subliminal y tácitamente incitaba a la guerra civil. El periódico “Daily Mail” había pronosticado: “Es evidente que la democracia ha rendido su último suspiro en España”.

Como ya sabrán, el enfrentamiento entre españoles en aquellos años, fue  un tema que generaba pasiones en la Europa de entonces, lo mismo que ahora “gracias” a la absurda ley de la memoria histórica sancionada por el atornillado patrón del “Bribón”. 

La verdad de aquel enfrentamiento fue una guerra entre fascismo y comunismo, aunque los líderes republicanos, de cara al exterior y a la propaganda, declaraban que tal lucha era entre la democracia y el fascismo, cosa que no era verdad.

Por otra parte, y a pesar de toda la propaganda lanzada por la izquierda, ésta nunca habló de una democracia basada, obviamente, en el sufragio: todo era revolución y dictadura del proletariado.

Otra cosa curiosa fue que las potencias extranjeras que en la Guerra Civil de España se posicionaron y se definieron en bandos distintos, en la Segunda Guerra Mundial marcharon de la mano. Tanto el imperialismo yanqui como el soviético ocuparon casi toda Europa.

En fin, se sigue fomentando la discordia en vez de buscar la concordia. Como diría Machado, el culatazo puede llegar más lejos que el disparo. Sigue habiendo dos bandos irreconciliables. La ley de la memoria histórica sancionada por el atornillado, así lo exige.

Como dijó Angel Ganivet en su obra "Idearium español", L. V. Suárez, Madrid 1944, página 31:

“España . . . por algo es patria de Guzmán el Bueno, que dejó degollar a su hijo ante los muros de Tarifa. Algunas almas sentimentales dirán de fijo que el recurso es demasiado brutal; pero en presencia de la ruina espiritual de España, hay que ponerse una piedra en el sitio donde está el corazón, y hay que arrojar aunque sea un millón de españoles a los lobos, si no queremos arrojarnos todos a los puercos”.

Continuará


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