miércoles, 4 de junio de 2014

Recordando la Historia. La república marxista. ( L I I )



Comprendemos que se nos critique por estos artículos sobre la II República española. En el fondo es lógica tal crítica, ya que el “pueblo soberano” está acostumbrado a los historieteros al uso, es decir, los de nómina, llenos de subjetivismo, que cuentan hechos deformados y amañados.

Estos artículos que escribimos son una simple plasmación de lo que verdaderamente ocurrió en aquellos años. No tratamos de convencer a nadie, así como tampoco pretendemos contraponer ideas con hechos, sino narrarlos tal como sucedieron, dejando toda superchería dialéctica, así como trueques intencionados.

Lo que sí pretendemos es contar hechos, hechos que normalmente aparecen envueltos en una agobiante propaganda que para lo único que sirven es para enfrentamiento y generación de pasiones políticas.

Como decíamos en la anterior entrega, en ésta veremos otro párrafo de Jesús Hernández aparecido en “Acción Socialista” de fecha 15 de enero de 1952, así como otro de  Valentín González, “El Campesino”, en unas declaraciones suyas hechas al diario “Pueblo” madrileño con fecha 25 de enero de 1968. Decía Jesús Hernández:

“Durante la guerra y los largos años e represión franquista y represalia falangista, los nuestros ingresaron en las cárceles o cayeron atravesador por las balas . . .mientras las banderas de Stalin y de la URSS parecían surgir de sus labios. No resulta sorprendente que el Partido Comunista español hubiera subordinado su política entera a la ‘guía’ de Moscú. Tampoco es sorprendente que aquellos de nosotros que ‘dirigieron’ al Partido Comunista español obraran más como súbditos soviéticos que como hijos del pueblo español. Puede parecer absurdo e increíble, pero nuestra educación bajo la tutela soviética nos había deformado a tal extremo que estábamos completamente desnacionalizados; nuestro espíritu nacional nos había sido arrancado, reemplazándolo por un internacionalismo rabiosamente chauvinista, que empezaba y terminaba en las torres del Kremlin”.

El Campesino por su parte manifestaba:

“El 1 de abril de 1939 escapé de la quema de un pesquero. Salimos de un puertecillo de Almería para Orán . . .El 13 salimos de El Havre en un buque soviético. Íbamos, como sardinas en lata, unos 350 comunistas incluidos los miembros del Comité Central del partido comunista español, varios diputados, jefes del Quinto Regimiento y de las Brigadas Internacionales, sobre todo alemanes. Todos éramos gente comprometida en la guerra. Nos dijeron que en la Unión Soviética estaríamos tranquilos y también que recibiríamos recompensas. . .

El 19 de mayo llegamos a Leningrado. Antes de desembarcar, la N.K.V.D. nos registró como si fuéramos criminales. No le di importancia. El puerto estaba engalanado con grandes retratos de Stalin, Marx, Lenin, Molotov y Beria. Nos recibió una comisión de gobierno, del Komintern, de los sindicatos y de la N.K.V.D. y unos niños del Konsomol nos entregaron ramos de flores. Al día siguiente fuimos trasladados a la estación de ferrocarril, de donde debíamos salir para Moscú. Recuerdo que me impresionó la miseria de la ciudad,  lo sucias que estaban las calles y lo mal vestida que iba la gente. Muchos no tenían zapatos y llevaban enrollados a los pies trapos y papeles . . .

Creo que fue ese día cuando mi fe en el comunismo se desmoronó por completo. Estaba más claro que el agua que en Rusia los obreros vivían peor que en España y que la camarilla del partido y los generales se repartían las tajadas. ¡Igual que en cualquier país reaccionario,vamos!”

Continuará



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