miércoles, 14 de mayo de 2014

Logomaquia, sofismas y tópicos




A lo largo de nuestra vida, hemos sostenido muchas conversaciones de tipo político con “progres”, y en todas ellas han empleado la más pura logomaquia, todo tipo de sofismas y los tópicos típicos de siempre. Una vez desmontadas estas artimañas, lejos de analizar o de comparar los distintos puntos de vista, todos han recurrido, y recurren, al insulto, a la vejación y a la descalificación. Es lo de siempre: los “progres” son los buenos y los que no piensan como ellos son los malos.

Ellos, los “progres”, siempre tienen razón, aunque esto no suponga estar en posesión de la verdad. Don Quijote exponía “su razón” cuando decía que eran  gigantes. Sin embargo el que estaba en posesión de la verdad era Sancho cuando le decía que eran molinos.

Ya sabemos la que te cae encima si no “piensas en progre”: serás un facha, un capitalista (aunque muchos dedichos “progres” tengan dinero a manos llenas y suntuosos autos y mansiones), un reaccionario y, ¡cómo no!, un hijo de puta. ¿Se acuerdan de este calificativo empleado por una individua, de cuyo nombre no quiero acordarme, contra los votantes del PP?

Otro asunto curiosísimo es el de que su relativismo lo llevan a todos los campos, preferentemente al moral. Pero sin embargo en el terreno político son despiadadamente absolutistas. Ellos son los únicos que deben, pueden y saben gobernar, aunque la experiencia haya demostrado lo contrario.

Este absolutismo también les lleva a echar la culpa a los “otros”, es decir, a “la Infame”, a la burguesía (“¡Muera el gobierno, muera la burguesía!”, decía el criminal Carrillo en un mitin en plena República), a los EE.UU., a los empresarios, etc, etc, etc, aunque ellos lleven más de una centuria cometiendo todo tipo de crímenes, asesinatos, desmanes y tropelías.

A pesar de que se les llena la boca con palabras tales como “democracia”  y  “libertad”, tienen un “feeling” especial por las dictaduras de corte marxista o islamista. Gran paradoja.

El aspecto más infumable y pedante que tienen estos “progres”, sobre todo los de salón, es su prepotencia, su orgullo mal entendido y su soberbia. Estas tres cosas les llevan a tener tal complejo de superioridad, que les hace autocomplacerse en que ellos tienen que ser los que dirijan a la sociedad en todos los ámbitos y terrenos, ya sean en el de la educación, en el de la cultura, en el de la sanidad, en el de los hábitos (prohibir fumar), etc, etc. Sus epinicios son constantes.

También el orgullo les cierra los ojos y no se dan cuenta de que muchos son semianalfabetos, a pesar de considerarse superinformados. Por eso les lleva a comprar la lotería allí donde ha ocurrido una desgracia. Para eso existe el intelectual-pastor: para dirigir la humanidad-rebaño, oiga. Lo efímero y la satisfacción inmediata es lo que les priva.

Un aspecto ruin que padece el mundo “progre”, como una auténtica epizootia, es la hipocresía, ya que vemos que dicen una cosa y después hacen la contraria.

Y para terminar, todo este “progretariado”, intelectual, racionalista, etc, sucumbe ante quiromantes, nigromantes, “rapeles”, “anthonyblakes” y astrólogos.


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