miércoles, 21 de mayo de 2014

Darwinismo, fascismo, comunismo y democracia




Como ya hemos dicho en nuestros artículos sobre este tema, una de las teorías más manipuladas y tergiversadas, ha sido la del evolucionismo darwiniano, que ha influido en el fascismo, en el comunismo y hasta en la democracia.

En el fascismo la influencia ha sido notoria, ya que consideraba a las distintas razas humanas como “especies” en proceso de evolución, incluyendo la “lucha por la vida” y lo de la “selección” para eliminar al débil. Evidentemente, con esto se justificaban, atentados, guerras, invasiones, masacres, ocupaciones, etc, etc.

Este fascismo tenía sus raíces en el “superhombre” de Nietsche, como todos sabemos. Este “superhombre”, parecido al “hombre nuevo” marxista, era el escalón más elevado de la evolución humana.

Este darwinismo “social” incluso, como decíamos antes, influyó en la democracia, pues el presidente norteamericano T. Roosevelt empezó con la depuración étnica de los indios, depuración que él llamó “destierro”, justificando la guerra racial para exterminar a los nativos, a los que consideraba como “especies primitivas”. Con esto perseguía la “expansión” americana que, en una “lucha final” de las distintas razas, terminaría con la victoria de los angloparlantes. Resumiendo: en esta carrera, lucha, competición o como se quiera llamar, subyace “la supervivencia del más apto” darwiniana.

Especial mención merece el trato que el marxismo le dio a la teoría de Darwin, trato que superó con creces al dado por el fascismo y el racismo, justificando también el horror, el terror, los campos de concentración, etc, etc.  Y lo superó porque con ello intentaba arrancar toda idea del Dios Creador, porque como decía el judío Marx en su  juventud “mi propósito es destronar a Dios”

Marx, al que algunos le dan culto de dulía y de hiperdulía, no hizo otra cosa que copiar y aplicar la dialéctica elaborada por Hegel (que a la sazón era un filósofo muy influyente en Alemania), al materialismo, fundando lo que se llegó a dominar el “socialismo científico”, frase rimbombante que aún  sigue estabulada en muchas mentes paleomarxistas.

Esta concepción materialista decía, entre otras cosas, que la economía determinaba todo el acontecer humano, y que la religión era un cuento de hadas inventado por la clase pudiente para someter y dominar a los “parias de la tierra”. El tópico de siempre: el opio del pueblo.

Los puntos de vista de este judío, desde la óptica social, coincidían con Darwin: la sociedad esclavista, mediante un proceso de evolución y desarrollo, se había transformado en la sociedad feudal, a la vez que ésta había dado lugar a la sociedad capitalista. Después vendría el “estadio superior”, es decir, la sociedad socialista que, por medio de la evolución, habría llegado a tal fin. Nosotros pensamos que más que por la evolución, llegó por la revolución y, sin embargo, desapareció sin revolución.

La adoración que Engels y Marx tenían por Darwin, era fanática e irracional. Así, el primero decía: “La naturaleza no opera metafísicamente, sino dialécticamente”. También decía: “Así como Darwin descubrió la ley de la evolución en la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley de la evolución de la humanidad”. Más falacias y sofismas no se pueden decir en tan pocas palabras.

Y para terminar un dato curioso: el gran criminal José Stalin, que en sus años jóvenes era cristiano, dejó de serlo al leer “El origen de la especies” darwiniano. Este cambio fue debido en gran parte a que la teoría evolucionista fue magnificada por los fundadores del comunismo y exaltada hasta el límite, con el objeto, como decíamos más arriba, de destronar a Dios.


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