jueves, 3 de abril de 2014

Sobre Ortega y Gasset ( V )



Como ya saben, estamos dedicando unas entregas a  D. José Ortega y Gasset, filósofo prácticamente olvidado hoy por los de la internacional de la mentira, del odio y del rencor. Como ya hemos dicho varias veces, y no nos cansaremos de repetirlo, tanto él como D. Gregorio Marañón Moya, D. Ramón Pérez de Ayala, y un larguísimo etc, fueron los verdaderos y auténticos republicanos. Como ya sabrán, estos tres intelectuales tuvieron que huir de España perseguidos por los comunistas. A la República que ellos defendían y pregonaban, nos apuntaríamos ahora mismo.

En su obra “Rectificación de la República. Escritos políticos, I I I  (1929/1933)”, El Arquero, Revista de Occidente, S.A., Madrid 1973, 273 páginas, nos dice Ortega y Gasset dentro del Capítulo intitulado “¡Viva la República!”, páginas 251 a 262, lo siguiente:

“Rectificación de la República”

“Pero ¿qué queríais españoles? ¿Que hubiesen estado ahí esperando, armados de punta en blanco, hombres maravillosos para gobernaros? Pero ¿qué habíais hecho antes para tener esos hombres? ¿Creéis que esas cosas se regalan, que lograrlas no supone dolores, esfuerzos, angustias a los pueblos? Si queréis regalos, si queréis manteneros en vuestra concepción de la vida estrecha, interesada, sin altitud y sin arrestos, sin anchura de horizonte delante, sin afán de fuertes empresas, sin claridad de cabeza, tenéis que contentaros por los siglos de los siglos con elegir entre don Marcelino Domingo y el señor Goicoechea.

LOS REPUBLICANOS QUE NO ERAN LA REPÚBLICA

Los hombres que han gobernado estos dos años y que querían para ellos solos la República, no eran en verdad republicanos, no tenían fe en la República. Como no me refiero a nadie en particular, no tengo por qué hacer las excepciones que la justicia nominatim reclamaría. Eran incapaces de comprender que las transformaciones verdaderamente profundas y sustantivas de la vida española, las que pueden hacer de este pueblo caído un gran pueblo ejemplar, son las que el régimen republicano, como tal y sin más, produciría a la larga y automáticamente. Por eso necesitaban con perentoriedad otras cosas, además de la República, cosas livianas, espectaculares, superficiales y de una política ridículamente arcaica, como la expulsión de los jesuitas, la descrucifixión de las escuelas y demás cosas que por muchas  razones y en muchos sentidos —conste, en muchos sentidos— han quedado ya bajo el nivel de lo propiamente político. Es decir, que no son siquiera cuestión. Otras, que son más auténticas, y que, quiérase o no, habrá que hacer, como la reforma agraria, tenían que haber sido acometidas bajo un signo inverso, sin desplantes revolucionarios, bajo el signo rigoroso de la más alta seriedad y competencia.

Se ha visto que esos hombres, al encontrarse con el país en sus manos, no tenían la menor idea sobre lo que había que hacer con ese país. No habían pensado ni siquiera en la Constitución que iban a hacer, la cual, al fin y al cabo, es lo más fácil, por ser lo más abstracto de la política”.

Pocos hablan de este filósofo, y muchos son los seguidores del otro tipo de república que nada tenía  que ver con la auténtica de Ortega y Gasset y de otros.

Nota.- Lo destacado en rojo es nuestro.

Continuará

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