martes, 15 de abril de 2014

Recordando la Historia. Cosas de la I I República. ( X X I V )



En esta España actual rota, desmembrada, enfrentada y triturada,  la Historia  está  sujeta  y subordinada a un pacto para  silenciar  las  palabras, obras y actitudes de un bando, pacto que lleva al olvido y al silencio. Y si no que se lo pregunten  a ciertos “historieteros” de lo políticamente correcto. (Permítasenos utilizar esta palabra que no viene en el Diccionario de los “inmortales” de la RAE, aunque sí viene historieta).

Nosotros, que no pertenecemos a dicho bando, tratamos de airear lo que se quiere ocultar ¿No hay que “recuperar la memoria histórica”? Pues vayamos a ello. 

Como decíamos en la anterior entrega, en ésta seguimos con el tema de la “kurtura”.

Si en aquella República hubiese habido verdadera cultura, no se hubiesen arrasado e incendiado domicilios, iglesias, así como tampoco  se hubiesen clausurados periódicos o cometido asesinatos y quemado obras de arte.

En el libro “Los catalanes en la guerra de España”, autor José María Fontana, Ediciones Samárán, Madrid, Abril 1951, 379 páginas incluido Índice, se lee en las páginas 66 y 67 refiriéndose a la madrugada del 18 de julio de 1936:

“En aquella misma madrugada  eran asaltados y quemados el ‘Gerona Club’, el ‘Centro Carlista’ de la calle de la Liebre, los locales de ‘Renovación Española’, ‘Ceda’, ‘Lliga’ y radicales, y en la mañana del 20 fue asesinado Pedro Coma. Aquella noche arden las iglesias y se viola el sepulcro  de San Narciso. La democracia republicana ha ganado la partida. En la tarde del lunes las turbas se apoderan tranquilamente de los cuarteles, en cuyo interior no quedaban más que la oficialidad y escasos grupos de soldados leales.

Toda la provincia quedó en manos de un grupo de extremistas, erigidos en dueños de vidas y haciendas, que ni el sentido de compañerismo tenían, como se probó en el asesinato de Martín, pequeño dictador de Puigcerdá, que cayó a manos de sus propios compinches ‘liquidado’ con la misma refinada crueldad que él empleaba con sus víctimas.

En Gerona los desmanes fueron terribles ¡Quién pudo pensarlo, en país tan bello y apacible! Tomás Comas fue mutilado, atado a un árbol y luego quemado vivo. El presbítero don Bartolomé Sala fue martirizado, sacándosele los ojos y arrojándolo a un pozo. Los párrocos de Castelló de Ampurias, San Pedro Pescador, Vilamant, el maestro de capilla de Olot y el ecónomo de Dant Auriol de Finisterre, fueron martirizados y sometidos al tormento de la hoguera. Ciento noventa y cinco sacerdotes, sesenta y nueve religiosos y cuatro monjas fueron asesinados ¡Qué tremenda sardana de crímenes y barbarie!

Por lo que toca a la destrucción de tesoros artísticos, he aquí una estadística que apena tanto como indigna: 1996 retablos, 292 cruces procesionales, 6.200 imágenes, 1.865 cálices y copones, 45 órganos . . .En esta pira deshonrosa perecen lo mismo obras modernas de Llimona que cuadros de Ribera, tallas de Borrassá, joyas góticas y románticas, pinturas italianas . . . ¡Toda una gloriosa tradición de Cultura y Arte!”

Continuará


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