martes, 1 de abril de 2014

Los embrollos de Marx ( y I V )



Hemos escrito muchos artículos sobre marxismo, y no nos cansaremos de hacerlo. El fanatismo, la pedantería, las distorsiones y los embrollos que hay sobre él, son de lo más curioso, por no decir otra cosa.

Como decíamos en la anterior entrega, la teoría de Marx es acientífica, además de estar llena de contradicciones e incoherencias. Mientras que por una parte el judío es partidario del determinismo absoluto, por otra es también partidario del determinismo materialista, donde todo se desarrolla y se rige según las leyes del “movimiento de la materia”, o por desarrollo y evolución de las “fuerzas productivas” en el aspecto social. En una palabra: los inventos, los adelantos en la ciencia, los descubrimientos, etc, etc, se deben a estas fuerzas productivas. Es decir, que los Newton, Galileo, Leyden, Edison, Einstein, etc, etc, inventaron y descubrieron por “fuerzas productivas”, y no por su inteligencia y por su conciencia.

El tan cacareado paso del capitalismo al socialismo, para edificar la sociedad socialista, depende de la “conciencia” del proletariado.

Donde más se ven las contradicciones es en su libro “Miseria de la filosofía”, Ed. Júcar, 1974, 305 páginas, prologado por el anarquista Sinesio García Fernández, más conocido por el seudónimo de Diego Abad e Santillán. En esta obra se habla de la teoría de la conciencia de clase ¿No habíamos quedado que no había conciencia?

La incongruencia más destacada es que Marx, a pesar de su determinismo, dice que la libertad es “conciencia de la necesidad”, porque el hombre no es libre por sí mismo, sino en la medida en que tome “conciencia de la necesidad”

En fin, no merece la pena seguir con el tema. Además ya hemos escritos varios artículos sobre marxismo. Lo que sí volvemos a repetir es la popularidad de esta doctrina entre ciertos “intelectuales” que, como decía uno, pedante infumable él, “tengo mucho de científico”.  Para esta gente, el marxismo es como una religión, y se autoconsideran como unos auténticos elegidos para erradicar el pecado original de la humanidad defendiendo al proletariado, aunque nunca hayan dado golpe, y vivan en suntuosos chalets y con coches de gran lujo y cilindrada.


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