martes, 29 de abril de 2014

“Así se apoderó Stalin del oro de España” ( I I )



Y seguimos transcribiendo lo escrito por Alexander Orlov, que aparece en el Selecciones del Reader’s Digest de fecha noviembre de 1966, páginas 23 a 31:

“Corrían los primeros meses de la guerra civil española. Durante diez días yo había estado preparando la "Operación Oro" con todo detalle. Algunos dirigentes republicanos, temiendo que las reservas oro del país pudieran caer en poder de las fuerzas del Generalísimo Franco, decidieron confiar el tesoro, "para mayor seguridad", a José Stalin. Aunque autorizada (con dudosa legalidad) por dichos dirigentes republicanos, la transacción podía representar el mayor atraco de la historia.

El envío a la Rusia soviética de la mayor parte de las reservas españolas de oro —por lo menos seiscientos millones de dólares, según mis cálculos— ha sido objeto de todo género de rumores y conjeturas durante más de dos décadas. Del grupo de hombres que estuvieron implicados en los comienzos de la operación, sólo dos viven todavía: un español y yo.

Yo había llegado a Madrid el 16 de setiembre de 1936, unos dos meses después del comienzo de la guerra civil española, para dirigir un numeroso grupo de técnicos soviéticos en cuestiones militares y de inteligencia. Mi grado en la N. K. V. D. era el equivalente a general.

Actuaba como asesor principal del Gobierno republicano en lo referente a espionaje, contraespionaje y guerra de guerrillas, un cargo que iba a desempeñar durante casi dos años. Al igual que todos los rusos destacados en España, sentía una apasionada devoción por la causa de la República.

Nos instalamos en el último piso de la Embajada soviética en Madrid, donde disponíamos de un potente equipo de radio.

Llevaba allí menos de un mes cuando, el 12 de octubre, el oficial de cifra entró en mi despacho con el libro de claves bajo el brazo y un radiograma en la mano.

—Acaba de llegar de Moscú —dijo—, y éstas son las primeras líneas: "Absolutamente secreto. Debe ser descifrado personalmente por Schwed".

Schwed era mi nombre clave. Descifré el resto del mensaje. Tras una nota introductoria del jefe de la N. K. V. D., Nikolai Yezhov, se leía:

"Prepare con el jefe del Gobierno, Largo Caballero, el envío de las reservas de oro de España a la Unión Soviética en un vapor ruso. Todo debe hacerse con el máximo secreto. Si los españoles exigen un recibo, rehuse —repito—, rehuse. Diga que el Banco del Estado entregará un recibo oficial en Moscú. Le hago personalmente responsable de la operación. Firmado: Ivan Va-silyevich."

La firma era el nombre en clave, rara vez utilizado, del propio Stalin.

¿Sería posible que Largo Caballero y sus colegas, gobernantes de buena fe, consintieran en poner el oro de su país en las voraces manos de Stalin? ¿Pensarían sinceramente que el Kremlin, que despreciaba la ley y la moralidad "burguesas,", podría devolver semejante riqueza una vez en posesión de ella? Pude averiguar que la respuesta a estos interrogantes era afirmativa. De hecho, la idea de "proteger" las reservas de oro de su posible captura por parte del enemigo, mediante el envío de las mismas a Rusia, ¡había tenido su origen en los propios e inquietos líderes republicanos!”.

Continuará



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