viernes, 28 de marzo de 2014

Personajes célebres. Hernán Cortés ( X I I I )



Como decíamos en la anterior entrega,  en ésta veremos cómo muchos de los españoles, entre ellos Cortés, lograron salvarse del feroz ataque de los indios gracias a las joyas que llevaban.

Los conquistadores se vieron rebasados por los nativos, que se vieron obligados a correr a toda velocidad por las calzadas, o lanzarse al agua, como hicieron muchos. Los que tenían poco botín, y por tanto menos peso, tuvieron más suerte. Los que iban cargados no tuvieron más remedio que arrojar las joyas y demás al agua, lo que sirvió para contener a los indios, que se paraban a recoger los botines, con lo que los españoles pudieron recorrer el dique y llegar a tierra firme.

El ejército de Cortés quedó prácticamente diezmado, ya que habían perdido la artillería y casi todos los caballos. En este enfrentamiento con los nativos murieron más de 400 españoles y 4.000 de los aliados indios.

Cortés, al ver aquel desastre, lloró amargamente, siendo el momento más doloroso de su vida, al que la historia conoce como “La noche triste”.

En los días sucesivos después de esta derrota, los españoles emprendieron el regreso a Tlascala, siendo atacados constantemente por guerrilleros aztecas. A la semana de estos ataques, fueron de nuevo atacados en el paso de Otumba, siendo rodeados por un numerosísimo ejército. El fin parecía próximo.

Pero una vez más la estratagema y la astucia de Cortés evitó el desastre. Con tres compañeros, se adentraron violentamente a caballo por el centro de ejército enemigo, en donde el jefe  estaba sentado en una litera que portaba la bandera. Los cuatro hombres mataron al jefe indígena, apoderándose de la mentada bandera. Esto produjo un gran miedo y pavor a los indios, lo que hizo que huyeran, dejando el campo libre a Cortés y a sus hombres.

El ánimo y la moral de Hernán y de sus hombres, se elevó ante estos acontecimientos de triunfo. Sin embargo le preocupaba un asunto: en su camino de regreso hacia Tlascala, pensaba cómo le recibirían sus habitantes, ya que en su día les había dicho que él descendía del invencible Dios Blanco. Ahora, al regresar derrotado y sin miles de sus aliados tlascaltecas, temía por el recibimiento.

Sin embargo, y con gran sorpresa, el cacique de Tlascala lo recibió con los brazos abiertos, además de darle ánimos y frases de consuelo, reafirmándole de nuevo su amistad. Permanecieron en esta ciudad tres semanas para curarse de las heridas y descansar de tanta lucha y fatiga.

Una vez pasado este tiempo, todos  sus soldados pensaron que se retirarían a Villa Rica de Veracruz, pero Cortés volvió a sus andanzas para intentar conquistar la ciudad de México. Esto lo veremos en la próxima entrega.

Continuará


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