jueves, 25 de mayo de 2017

La reforma del Estado ( I V )


Ya hemos dicho que la fragmentación del Estado, por mucho jefe que se diga que hay, es uno de los grandes problemas que tenemos en España en estos momentos.

Dicha fragmentación ya empezó con el felipismo que, continuada por el nefasto gobierno zapateril, ha llevado a desarticulación, no solamente de España, sino del propio Estado, cuyas acciones se ven maniatadas por las contradicciones, discordias y enfrentamientos por mor de montones de leyes, normas, reglamentos, proyectos, organismos y todo lo que ustedes quieran añadir, de esos reinos taifas instaurados dentro de los muros de la Patria mía, y que hacen que el Estado deje mucho que desear, por mucho atornillado dormilón Borbón patrón del “Bribón” que teníamos en su día.

Lo más grave del asunto es que, aunque el Estado tiene la obligación y la responsabilidad, desde el punto de vista político, moral y constitucional, de resolver los problemas públicos, por culpa de esa fragmentación,  dichos problemas no sólo no se resuelven, sino que se incrementan.

Y así llegamos a lo que tenemos: un estado sin orden, lleno de contradicciones por todas partes, sin una verdadera estructura y, en muchos aspectos, totalmente ineficaz.

Continuará.



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