sábado, 5 de noviembre de 2016

Hepatitis y diarrea. Lectores por televidentes


Y volvemos por enésima vez con el tema de la televisión y el daño que está haciendo.


Como se recordará, las emisiones de TV comenzaron con un solo canal. Suponemos que en todos los países sucedería más o menos igual, aunque haya países en la actualidad que, aunque aparentemente tengan “varios” canales, en realidad el que ejerce el control es el gobierno, como sucede en Cuba, Corea del Norte o China, por ejemplo, y en la destartalada URSS.

Posteriormente llegaron las TVs privadas y las autonómicas. La propaganda que se difundió fue enorme: con la llegada de estos nuevos “entes”, todos saldríamos beneficiados porque los programas, tanto informativos, deportivos, culturales, etc, permitirían la “diversificación”, lo que se traduciría en la “adquisición” de más cultura, oiga.

Como está sobradamente demostrado, esto es una mentira cochina porque, aunque parezca lo contrario, la programación de los distintos “entes” es la misma: basura y más basura, y fútbol a todas horas.

Además, estos “entes”, tienen prácticamente sólo tres tipos de programas. A saber:

a).- Los que llevan a las pantallas vida y milagros de determinados “colectivos” para que sean ejemplo.

b).- Los lenguaraces, con sus correspondientes tertulias de invertidos, sodomitas, gomorritas, lesbianas, transexuales y demás, que se encargan de lanzar, entre otras cosas,  “ideas progresistas” tales como que el varón es machista, violento, grosero, avasallador, etc, etc.

c).- Los de concursos. Aquí la cosa no tiene nombre. Verdaderos analfabetos campan por sus respetos. Así, por ejemplo, una chica creía que diarrea era un apellido vasco. Y un chico creía, asimismo, que hepatitis era el nombre de una chica griega.

Recomendación: apagar el televisor y leer.


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