sábado, 6 de mayo de 2017

Expulsados por mentir




Decía Unamuno que “los políticos mienten cuando afirman, mienten cuando niegan, y sobre todo mienten cuando callan”.

Por otra parte, en junio de 1.972 se descubrió el caso Watergate de Nixon. El director del “Washington Post”, B. Bradlee, decía que un político, refiriéndose a Richard Nixon, podía equivocarse muchísimas veces y reconocer sus errores, pero lo que nunca debía hacer era mentir, cosa que hizo el presidente negando haber ordenado las famosas escuchas ilegales, descubriéndose más tarde que había mentido en tal asunto.

Todo esto viene a cuento porque aquí en España los políticos mienten descaradamente. Hay una cosa curiosísima: cuando un alcalde, pongamos por ejemplo, se ve implicado en determinados asuntos, tales como en escrituras de fincas valoradas en equis pesetas y que luego son vendidas al propio ayuntamiento en equis por un millón, y que el tal alcalde niegue todo este tejemaneje mintiendo descaradamente, no cabe duda que tiene una responsabilidad política en el asunto, pero, sin embargo, tal responsabilidad no es juzgada por los tribunales.

Es decir, el compromiso con la verdad que debe tener todo servidor público, queda en entredicho. Simplemente por mentir, tenían que ser expulsados, no ya de sus puestos políticos, sino de sus propios partidos. Y lo curioso del caso es que dichos políticos mienten descaradamente, y se creen que les creemos ¡Qué bello es mentir!, parafraseando el título de la película de Frank Capra "¡Qué bello es vivir!"


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