sábado, 18 de febrero de 2012

El Corán ( I )


Como ya comentamos varias veces, hemos leído La Biblia y El Corán de cabo a rabo.

Ante el avance islamista en el mundo Occidental, vamos a transcribir algunos “aleyas” (versículos) de ciertas “azoras” (capítulos) del Corán. Una vez leídas, se verá claramente que el islamismo no se parece absolutamente en  nada al cristianismo. Mientras el primero rezuma odio, venganza y justificación de la guerra, el cristianismo, como ya es sabido, es caridad, paz y sobre todo perdón.

Por otra parte, y como ya es sabido también, el desprecio y discriminación de la mujer es total y absoluto. No entendemos como toda esa pléyade de “artiscejos”, “progres”, comunistas, socialistas y demás, combaten con todas sus fuerzas al cristianismo y, sin embargo, del islamismo no dicen nada, incluso todo lo contrario. (Recordemos  que el cínico, asesino y criminal Santiago Carrillo, defendió en su día por televisión el acercamiento ¡¡entre el Islam y el comunismo!!, con motivo de que los colectivos musulmanes pudieran utilizar la catedral de Córdoba como mezquita).

Someramente diremos que El Corán consta de 114 capítulos (“azoras”) que, cronológicamente, se divide en dos períodos: los promulgados en La Meca en los años 612-615, 615-619 y 619-622, y los de Medina, años 622-632.

Mahoma había nacido en La Meca en el año del Elefante, según el calendario islámico, que equivalía al 570 del gregoriano. Murió en el 632 y la redacción del libro no empezó hasta el año 650, por orden del tercer califa Utman

Como veremos, hay algunos versículos que parecen estar calcados de La Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento.

Y empezamos. En el capítulo II, versículo 23, se lee:

“Anuncia a los que creen y practican las buenas obras que tendrán por morada jardines regados por corrientes de agua. Cada vez que tomen algún alimento de los frutos de estos jardines, exclamarán: He aquí los frutos  con que nos alimentábamos en otro tiempo (4); pero sólo tendrán apariencia (5). Allí hallarán mujeres exentas de toda mancha y allí permanecerán eternamente”

(4) Esto es, en el otro mundo, en la tierra.

(5) Es decir, que estos frutos serán de un gusto mucho más exquisito que los de la tierra, aunque semejantes en apariencia a estos últimos, a fin de causar a los bienaventurados una agradable sorpresa.

En el versículo 27 de este mismo capítulo, se lee:

“Él es el que ha creado para vosotros todo lo que existe en la tierra; terminada esta obra, se dirigió con firmeza hacia el cielo y formó con toda perfección siete cielos, él que entiende de estas cosas” (2)

(2) En un principio el cielo formaba solamente un todo; Dios lo ha dividido en siete cielos colocados unos sobre otros como las telas o películas de la cebolla.

En el versículo 32, también de este mismo capítulo, se lee:

“Cuando ordenamos a los ángeles adorar a Adán, todos lo adoraron, excepto Eblis; éste se negó y se hinchó de orgullo, y fue del número de  los ingratos” (3)
En el siguiente versículo, el 33, se expone:

“Nosotros (4) dijimos a Adán: Habita el jardín con tu esposa; alimentaos abundantemente con sus frutos, sea cual fuere el fruto del jardín en que se hallen; pero no os acerquéis a esta árbol, por temor a que os convirtáis en culpables”.

(3) Se puede traducir también: del número de los infieles, pues en árabe la voz kafir significa propiamente el que unta y recubre con algo la superficie de un objeto para hacer desaparecer un escrito, etc; de aquí el ingrato y el infiel, el hombre que borra de su recuerdo los beneficios de Dios.

(4) En el versículo anterior, es el mismo Mahoma el que cuenta o repite las palabras del ángel Gabriel; en éste es el mismo Dios el que se supone que habla. Este cambio repentino de narrador se ve a cada paso en el Corán, no sólo en los diferentes versículos, sino en el mismo período, causando a veces una gran confusión, como se podrá observar.

Continuará

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

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