viernes, 27 de enero de 2012

Memoria histórica. Confundiendo el lenguaje ( y I I )


Como decíamos en nuestro anterior artículo, en este veremos aún más las diferencias entre los verdaderos republicanos y los rojos. Y para ello qué mejor que el escrito publicado el 10 de febrero de 1931 en el diario EL SOL firmado, nada más y nada menos, que por D. Gregorio Marañón, D. Ramón Pérez de Ayala y D. José Ortega y Gasset. De este escrito, o documento, nace la Agrupación al Servicio de la República, presidida por estos señores, cuyos planteamientos sí son los verdaderos republicanos.

Estas personalidades, antes los actos de vandalismo que estaba viviendo España, criticaron duramente estos actos en un artículo publicado en el mismo diario el día 11 de mayo, del que vamos a transcribir los dos primeros párrafos Decían lo siguiente:

“La multitud caótica e informe no es democracia, sino carne consignada a tiranías. Unas cuantas ciudades de la República han sido vandalizadas por pequeñas turbas de incendiarios. En Madrid, Málaga, Alicante y Granada humean los edificios donde vivían gentes que, es cierto, han causado durante centurias daños enormes a la nación española, pero que hoy, precisamente hoy, cuando ya no tienen el Poder público en la mano, son por completo innocuas. Porque eso, la detentación y manejo del Poder público, eran la única fuerza nociva de que gozaban. Extirpados sus privilegios y mano a mano con los otros grupos sociales, las Ordenes religiosas significan en España poco más que nada. Su influencia era grande, pero prestada: procedía del Estado. Creer otra cosa es ignorar por completo la verdadera realidad de nuestra vida colectiva.

Quemar, pues, conventos e iglesias no demuestran ni verdadero celo republicano ni espíritu de avanzada, sino más bien un fetichismo primitivo o criminal que lleva lo mismo a adorar las cosas materiales que a destruirlas. El hecho repugnante avisa del único peligro grande y efectivo que para la República existe: que no acierte a desprenderse de las formas y las retóricas de una arcaica democracia en vez de asentarse desde luego e inexorablemente en un estilo de nueva democracia. Inspirados por ésta, no hubieran quemado los edificios, sino que más bien se habrían propuesto utilizarlos para fines sociales. La imagen de la España incendiaria, la España del fuego inquisitorial, les habría impedido, si fuesen de verdad hombres de esta hora, recaer en esos estúpidos usos crematorios”.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

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