lunes, 2 de enero de 2012

La monarquía comunista norcoreana ( y I I )



Y continuamos con esta joya de país.

El ejército, formado por un millón de hombres, es el quinto más numeroso del mundo y uno de los mejor pertrechados. Al tirano monárquico Kim Jong II no le importa el hambre de su pueblo ni tampoco las 200.000 personas, incluido niños, que malviven en los campos de concentración acusados de crímenes políticos. Cualquier persona que conozca mínimamente el marxismo-leninismo, sabrá que la culpabilidad política es responsabilidad de toda la familia. Sobre este tema es recomendable leer el libro Los acuarios de Pyongyang, del autor norcoreano Kang Choi-Hwan.

Un dato curioso para los jóvenes: en las peluquerías para hombres aparecen fotos colgadas en la pared con los cortes de pelo permitidos por el gobierno. Allí no hay pelo largo, colas, melenas, rapados, pendientes, pierceing, etc.

El hermetismo del régimen es total. Baste decir que la población norcoreana probablemente se la única del mundo que no saben quiénes fueron los Beatles.

La libertad no existe. La población es vigilada, como en todo país marxista, por una policía omnipresente. No se ve a nadie por las calles. Los guías dicen que es debido a que los campesinos están trabajando en el campo.

En cuanto al régimen político, ¡qué vamos a decir que ya no se sepa!. Cuatro pinceladas bastarán para darse cuenta de lo que allí pasa.

La ideología Juche, un sucedáneo del marxismo-leninismo, domina la política y la vida social del país con el lema de las masas populares son los integrantes de la historia social, creando una autarquía que, desde 1995, ha conseguido que un millón de trabajadores se hayan muerto de hambre.

En el Gran Lider y Gran Doctor, se encarnan un amasijo de estalinismo y de despotismo oriental. La momia de Kim padre, preside todas las conmemoraciones nacionales. Hasta los embajadores tienen que presentar ante ella sus credenciales.

Kim Jong II pretende dar una lección a los imperialistas (a los EE.UU. ¡cómo no!) tratando de romper el acuerdo atómico con los USA para chantajear con su modesta pero peligrosa industria nuclear y así conseguir alimentos y combustible para el pueblo. Las amenazas incluyen también a Japón y Corea del Sur, aliados de EE.UU. en la zona Este desafío no deja de ser curioso en un país en donde no hay iluminación pública, con excepción de las estatuas de sus líderes.

Pierre Rigoulot, miembro del Instituto Francés de Historia Social, fue entrevistado a principios del año 2003 por el diario francés Liberation En la citada entrevista decía Rigoulot que en el país reina un clima que lo hace funcionar como una secta. Hay más de 30.000 estatuas de Kim II Sung. Continua diciendo Rigoulot que Corea del Norte es un país irracional: exporta todo tipo de misiles, tiene diplomáticos que trafican tanto con drogas como con marfil o con CD piratas

Este régimen abominable fue defendido en su día por el ínclito, iluminado e inefable Santiago Carrillo en 1985, como lo demuestra el Libro de Firmas que se conserva en el museo dedicado a la guerra de Corea.

Cincuenta años después de dicha guerra, el conflicto con su homólogo del Sur sigue abierto por razones puramente ideológicas, a pesar de que las circunstancias han cambiado notoriamente: ya no existe la URSS, promotora de dicho conflicto. China que ayudó militarmente al Norte, en la actualidad ya no es lo que era y, además, precisa de buen entendimiento económico con EE.UU., con quien vota condenando al terrorismo internacional. Corea del Sur es una potencia militar e industrial.

Sin embargo, la que no ha cambiado ha sido Corea del Norte, a pesar de tener ahora armamento nuclear y químico que antes no poseía. Sigue siendo, junto a Cuba, el último bastión comunista con una población hambrienta y sometida a los delirios de sus dirigentes.

¿Por qué no denuncian a este régimen los tenores de lo políticamente correcto, los culturetas, cineastas, “artiscejos”, concejalillos y comunistas defenestrados, intelectualilos marxistas de medio pelo y algunos que otros sindicaleros fanáticos, saliendo a la calle o empleando el método telefónico-rubalcabesco de ¡¡¡Pásalo, pásalo!!!?.

Luis David Bernaldo de Quirós Arias

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